Compartimos la experiencia de Beatriz Alessio Robles Landa, una de nuestras colaboradoras de Colegio de México, y un vídeo publicado por la CLAR (Confederación Caribeña y Latinoamericana de Religiosas y Religiosos)

«No necesitamos saber las historias de cada una de las personas que integran la caravana. Tampoco necesitamos ser nietas o nietos de españoles o franceses para que nos toque el corazón lo que está pasando hoy. Lo que nos urge es empatía . Empatía para entender que nadie caminaría durante semanas o meses con sus hijos en brazos, enfrentando no solo peligro y violencia, sino odio,  discriminación y xenofobia; si esta opción no fuera mejor que quedarse en casa. En una casa que ya no es tuya, una casa que te dice: deja todo lo que conoces y vete, porque solo así vas a sobrevivir.»
De Isaac Esquivel

Desde hace algún tiempo estoy involucrada con los migrantes y con las personas solicitantes de refugio en México. Ayudo en trabajos puntuales en CAFEMIN, casa de las Hermanas josefinas que protege, acoge promueve e integra a refugiados y migrantes, y también soy miembro del programa Abriendo puertas y consejera de Programa Casa de Refugiados (PCR). Mi trabajo consiste en vincular sobre todo a refugiados ya con papeles con trabajos donde se les remunere y se les reconozca (hemos tenido ya personas contratadas en Uber, Alsea y algunos restaurantes) y siendo parte de las decisiones del Consejo ante las necesidades y problemáticas que se vaya presentando.

El trabajo que hicimos en octubre pasado con la Caravana de migrantes de Centroamérica desde esta ONG fue de mucha coordinación ya que no nos esperábamos este número tan grande de personas cruzando la frontera sur. Hubo un equipo de PCR que se fue a Tapachula, Chiapas a ayudar a registrar personas y a direccionarlos en caso de que quisieran ser solicitantes de refugio. Para nuestra sorpresa, solo fue una minoría la que solicitó refugio y se quedó en los albergues. La gran mayoría decidió seguir su camino hacia Estados Unidos.

Tuvimos informaciones variadas del lugar a donde llegarían en la CDMX, primero que sería en la Casa del peregrino de la Basílica de Guadalupe y luego que en el Estadio de la Magdalena Mixuca, finalmente fue éste último el lugar donde se alojaron más de 7,000 migrantes. Ahí estuvieron durante 5 días, durmiendo, comiendo y recuperando fuerzas para lo que seguía del trayecto. En el estadio había varios puestos para que los migrantes pudieran acercarse y pedir información, uno de ellos era el de PCR y otro que se organizó fue el de Iglesias de México, Ahí miembros de todas las confesiones nos coordinamos para contar con un puesto de médicos (varios sacerdotes son médicos), de donación de ropa y un lugar para servir comidas durante esos días. Del Colegio Sagrado Corazón México fuimos algunos maestros, Luty, Noemí, y yo. Sin miedo a equivocarme creo que los días que fuimos servimos más de 1.000 comidas, la gran mayoría de ellas calientes y bien servidas. De muchos lugares llegaban ollas de arroz, frijoles, donativos de pollos rostizados, tamales, pan de muerto, tortillas, aguasfrescas, jugos y hasta postres, y cuando se acababa la comida, como el la multiplicación de los panes, llegaban más alimentos. Aunque las comidas se servían rápido intentábamos platicar con algunos de los hermanos para saber cómo se sentían o saber sus planes de migración.

Sin duda las experiencias con migrantes son crudas y crueles. Nadie deja su país sino porque piensa que hay mejores oportunidades de vida para ellos y para los suyos. Viajar en Caravana hace el trayecto más seguro porque los hace más visibles y por lo tanto menos blanco de violaciones, secuestros o vejaciones. Y sí, seguramente hay infiltraciones, manipulaciones, delincuencia organizada inmiscuida, corrupción y violencia, pero también hay personas generosas con su trabajo y acompañamiento, pueden ver a la persona necesitada independientemente de su nacionalidad, género, credo, raza o preferencias, que piensan.

Cada vez más y con más frecuencia viviremos este tipo de experiencias. La aldea global se mueve rápido y crúzalo que llamamos fronteras. Ningún migración será un caso para alegrarnos puesto que detrás de ella habrá situaciones de violencia, pero pueden ser también momentos donde se transformen realidades y construir Reino si lo hacemos desde el diálogo compasivo y el encuentro fraterno.

Beatriz Alessio Robles Landa.
Directora de Formación social cristiana
Colegio Sagrado Corazón México.

Para ver el vídeo
en este enlace.

 

 

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