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Comentario de la liturgia

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domingo 2 de mayo

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por Ana M. Peña

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Evangelio: San Juan 15, 1-8

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

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Esta imagen de la vid y los sarmientos, tan cercana para la familia del Sagrado Corazón, nos muestra la pedagogía profunda y sencilla de Jesús para hacernos sentir protagonistas en el Reino de Dios. Una imagen que Sofía supo hacer Vida como fundadora.

Jesús es nuestro refugio y nuestra fortaleza. Lo creemos con la cabeza, pero a veces se nos olvida con el corazón. Unidos a él, puesta nuestra fe y nuestra esperanza en él, todo lo podemos, todo cobra sentido.

En estos tiempos inciertos, en los que nos abruman las noticias de enfermedad, muerte, soledad, pobreza… más que nunca debemos permanecer unidos a Jesús y puesta nuestra esperanza en él. Porque más allá del resultado, más allá de los éxitos o los fracasos, la esperanza cristiana es tener la certeza de que en Cristo todo cobra sentido. Cuando caemos en la desesperanza, nos dejamos dominar por el miedo o nos guiamos por nuestro orgullo individualista, pensando que solos nos bastamos; cuando nos alejamos de Jesús, nuestros esfuerzos son vanos, como los sarmientos echados al fuego.

No rechacemos esta invitación de permanecer unidos al corazón de Jesús. “Sea Dios nuestro único bien: todo lo que no es Él, es nada”.

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