Evangelio 19 de abril con comentario de Gabriel Castillo

Abr 16, 2026

RSCJ

Lc 24, 13-35 

Aquel mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, distante a unas dos leguas de Jerusalén. Iban comentando todo lo sucedido. 
  Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo. 
  Él les preguntó: 
   —¿De qué vais conversando por el camino? 
   Ellos se detuvieron con semblante afligido, y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo: 
   —¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que desconoce lo que ha sucedido allí estos días? 
  Jesús preguntó: 
   —¿Qué cosa? 
   Le contestaron: 
   —Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. 
  Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 
  ¡Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel!, pero ya hace tres días que sucedió todo esto. 
  Es verdad que unas mujeres de nuestro grupo nos han alarmado; ellas fueron de madrugada al sepulcro, y al no encontrar el cadáver, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles asegurándoles que él está vivo. 
  También algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como habían contado las mujeres; pero a él no lo vieron. 
  Jesús les dijo: 
   —¡Qué necios y torpes para creer cuanto dijeron los profetas! ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria? 
  Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura se refería a él. 
  Se acercaban a la aldea adonde se dirigían, y él fingió seguir adelante. 
  Pero ellos le insistieron: 
   —Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día va de caída. 
   Entró para quedarse con ellos; y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. 
  Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 
  Se dijeron uno al otro: 
   —¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura? 
  Al punto se levantaron, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros, que decían: 
  —Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. 
  Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 

(Emaús) 

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