Mt.16,13-20
Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe, preguntó a los discípulos:
—¿Quién dice la gente que es este Hombre?
Ellos contestaron:
—Unos que Juan el Bautista; otros que Elías; otros que Jeremías o algún otro profeta.
Él les dijo:
—Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Simón Pedro respondió:
—Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le dijo:
—¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y sangre, sino mi Padre del cielo! Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá.
A ti te daré las llaves del reino de Dios: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
Entonces les ordenó que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

Este es un texto denso y elaborado. Recoge un hecho tal como lo ha entendido y vivido la comunidad. Se trata de identificar el ser de la persona de Jesús. Jesús pregunta qué opinión tiene la gente de Él. El interrogante abierto en tiempos de Jesús sigue igualmente abierto en nuestros días. La respuesta puede darse desde el punto de vista de la gente, de la apreciación humana de este personaje histórico o desde el punto de vista de Dios, el de la revelación.
La gente buena, que ha presenciado la actividad de Jesús, lo considera un enviado especialísimo de Dios para preparar la era mesiánica. Simón declara que Jesús es el Mesías esperado y Jesús lo ratifica declarando que la confesión procede de una revelación del Padre (cfr. 11,27), por la cual Pedro (nuevo nombre que le da Jesús) tiene una bienaventuranza particular.
Después prosigue estableciendo y declarando la función específica de Simón Pedro. Jesús se propone construir un «templo», una comunidad nueva, en la cual Pedro será una «piedra» fundamental. «Petra» en griego designa un sillar o la peña o roca donde se asienta un edificio. El edificio o comunidad es obra y pertenencia de Jesús, «mi Iglesia»; Pedro tendrá en ella una función mediadora central. Contra la Iglesia de Jesús nada podrá el poder de la muerte.
Este texto ha suscitado numerosas discusiones entre católicos y protestantes sobre la figura del Papa como sucesor de Pedro. La tradición católica sostiene que estas palabras se aplican a Pedro y también a todos los que le suceden en la tarea de presidir en la fe y el amor. La tradición protestante, sin embargo, ha visto en las palabras de Jesús una alabanza y una promesa referidas, no a la persona de Pedro, sino a su actitud de fe.
Biblia de NP


