Por Dolores Aleixandre, rscj
Si te presiona un entorno acelerado, tira del hilito de oro de la interioridad
Decía o escribía…
“Deberemos poner la soledad al servicio de la labor que desempeñamos y, para contrarrestar esta vorágine, tener una hendidura profunda donde refugiar el alma tan frecuentemente como sea posible. Para nosotras esta hendidura en la roca es el Corazón de Jesús”.
«Adiós, hija, me despido porque tengo prisa. Esperaba quedarme tranquila en el agujero de la roca, pero tengo que trabajar, hablar, escribir, como siempre…»
“Date prisa en volver a esa vida interior que debe ser la nuestra. ¡En qué nos convertiríamos en medio de tanto trabajo si actuamos como máquinas…!”
“Alguien sin vida interior es como un cuerpo sin alma, un árbol sin fruto. Trabajar así sería una inutilidad ¡mejor sería ponerse a descansar!”

Cuentan de ella…
Como fundadora vivía sometida a una verdadera presión de trabajo y preocupaciones. El rápido crecimiento del instituto ejercía sobre ella una gran presión: las fundaciones se multiplicaban, no se contaba aún con estructuras adecuadas para afrontar los cambios y viajaba constantemente en condiciones penosas. Tenía que afrontar la expansión y cada país tenía una realidad diferente que había que acoger y comprender.
Se le imponía un esfuerzo constante de adaptación y vivir el desafío de encajar la diversidad de culturas y talantes de las mujeres que entraban en la congregación, manteniendo al mismo tiempo la unidad de espíritu. Sofía desplegaba una energía increíble y se apoyaba en su extraordinario don para crear relaciones y amistades, pero las preocupaciones y un exceso de responsabilidad la enfrentaban constantemente con los límites de su salud.
Coincidiría con esta opinión…
“La precipitación es nuestro enemigo. Nos pone bajo tensión, aumenta la presión arterial, nos hace impacientes, nos hace más vulnerables a los accidentes y, lo más grave de todo, nos hace ciegos a las necesidades de los demás. El vivir normalmente con precipitación no es una virtud, independientemente de la bondad del asunto hacia el cual nos apresuramos. Cuanta más prisa tenemos, es menos probable que nos detengamos a ayudar a alguien necesitado. La precipitación y la prisa, quizás más que cualquier otra cosa, nos impiden ser buenos samaritanos. Estamos siempre demasiado ocupados, demasiado agobiados, con demasiada prisa, y con demasiada energía como para detenernos y ayudar.” (R.Rolheiser OFM)
Estaría de acuerdo con este poema
“Libérame del reino de la cantidad.
No permitas que sea valorado
por el número de amigos o de seguidores
que pudiera tener en una cosa denominada red.
Haz para mí este milagro mínimo como la hoja recién brotada del sauce.
Quita mi firma electrónica de los servidores que me avasallan.
Destruye la palabra cronograma.
Borra los documentos en los que he anotado
lo que vaya pensar y a soñar en los próximos años.
No tenga que mirar las listas de ficción o no ficción,
las cifras de la audiencia, el número de visitantes.
Sácame de la cultura de masas
que oprime mi caja torácica con su descaro creciente en proporción geométrica.
Haz que la razón como un viento delicado
cruce de mi cerebro a los otros cerebros sin gritos.
Dame fuerza para seguir, aunque no tenga a nadie que acompañe mi pensamiento.
Dame un corazón sensato, pero no excluyas la locura
ni la valentía necesarias para oponerme con elegancia a las necedades,
para ser invulnerable a las modas,
para prescindir de las bibliografías con un golpe de audacia.
Cumple tu promesa: Que se abran las puertas.
Descerraja las rejas de las reuniones, de los consejos, comités, comisiones y asambleas,
para que pueda salir a la mañana en la que sopla la primavera impaciente.
Borra las convocatorias y las citaciones.
Tú, que eres enemigo acérrimo de todo lo absurdo, anula de una vez las entelequias.
Haz que no tenga que rellenar más formularios.
Limpia mi piel de códigos de barras.
Deja que me sacuda de encima las claves alfanuméricas que el Poder me impone.
Llévame a mi tiempo, a la época del agua. Deja que me descalce sobre el
prado.
Libérame del reino de la cantidad.
(J.A.González Iglesias, Confiado)
Le gustarían estas canciones
Cuando cesan los ruidos
Nos invitaría a conversar sobre…
Esta afirmación de san Juan de la Cruz: “Así como el sol está madrugando y da en tu casa para entrar si le destapas el agujero, así Dios entrará en el alma vacía y la llenará de bienes divinos” (Llama 3,40).
“Allí donde una rendija se abre a su luz, allí donde un corazón se percata oscuramente de su voz, Dios irrumpe con la impaciencia del amor e inaugura un diálogo que, aprovechando esa apertura, se va ampliando y profundizando” (A. Torres Queiruga)
¿Qué es lo que “nos tapa el agujero”?
Compartir alguna “rendija” reciente por la que “se nos ha colado” la luz…
Nos haría esta propuesta…
Poner nombre a nuestros «lugares de gracia» tiempos y espacios en los que hemos vivido encuentros significativos con el Señor. Recordarlos y agradecerlos
Le pedimos
Sofía, tú dejaste escrito en las Constituciones:
“siempre y en toda circunstancia,
su ocupación es glorificar al Corazón de Jesús.”
Enséñanos a descubrir que en nuestra vida
no hay más que una única ocupación que centra y unifica
todas las tareas que realizamos.
Recuérdanos que esa ocupación única
que tú llamabas
"glorificar al Corazón de Jesús",
consiste en estar permanentemente vinculadas
a los sentimientos e intereses de Jesús
y a sus opciones y preferencias;
a tratar de vivir en estrecha adhesión a él y a su Reino;
a ir teniendo la dirección de nuestra propia vida orientada solo hacia él,
contemplado desde el peso de su amor.
Te pedimos que toda nuestra vida se unifique
en torno a esa “ocupación única”
que tú nos has enseñado a vivir.
Amen









