Llevo años, muchos, dedicados a educar en distintos ambientes, situaciones, países…todos me han enriquecido, me han llenado de vida, de experiencias que han hecho de mí una Rscj apasionada por la educación. Una pasión que se alimenta de cada momento y sobre todo de tantas personas, alumnos, familias, y compañeros de trabajo tan fundamentales, que sin ellos no hubiera nunca llegado…
Hoy más que nunca nos toca educar en tiempos de incertidumbre en los que las situaciones y vidas de nuestros alumnos, de nuestras familias están marcados por problemas difíciles de abordar.
Hoy aún más sentimos la necesidad de enseñar desde el testimonio, desde el ejemplo del ser y del actuar que es un dejarnos transformar por una misión que es don recibido y tarea compartida, es un escucharnos no para responder, sino para comprender porque educar es humanizar y el escuchar a otro y ser escuchado nos hace más humanos.

Mi papel en estos momentos en el Colegio es colaborar en todo lo que sea necesario, es dar testimonio con mi vida del Carisma heredado de Magdalena Sofía, de transmitir esa pasión por educar, ese amor del Corazón de Jesús que se hace realidad a través de mi “quehacer” de hoy… ayudar en secretaría, Pastoral, archivar documentos, formación del profesorado, portería donde el encuentro con las familias te aporta un poco de todo, te hace incluso acumular anécdotas, etc… pero sobre todo te ayuda a transmitir ese amor, esa paz, esa serenidad, respeto y escucha que tanto necesitan y que es lo que nosotros intentamos ofrecer a nuestras familias que son parte de este mundo roto y bendecido en el que estamos inmersas y ¿desde dónde mejor que desde esta plataforma tan maravillosa?

Este servicio para mí es la forma de construir “Comunidad Educativa” no desde cuánto y qué enseñar sino desde la escucha, la observación, la discreción intentando ser lo más coherente posible para aportar esa faceta tan importante de nuestro ser educadora del Sagrado Corazón, que es el compromiso cristiano de una educación basada en el amor, en el reconocimiento de la dignidad de cada persona. Es el momento de saber valorar todo lo que hacen los demás… acoger y apoyar.
En mi relación con el profesorado puedo hacer mía esa frase de Rosa Filipina
“No dejes de contarme tus ansiedades, preocupaciones, inquietudes… no puedo resolverlas, pero sí puedo compartirlas”.
Este es mi día a día sencillo, silencioso de escucha, de disponibilidad porque la obra que se realiza es SUYA…
Esto ¿no es suficiente para ser una mujer, RSCJ apasionada por educar?
Creo que sí y así lo vivo…



