Evangelio 25 de octubre con comentario de Maria Kloch rscj

Oct 22, 2026

RSCJ

Al enterarse los fariseos de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron alrededor de él; y uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente: 
  —Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley? 
  Le respondió: 
  —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el precepto más importante; pero el segundo es equivalente: 
   Amarás al prójimo 
   como a ti mismo. 
  Estos dos preceptos sustentan la ley entera y los profetas. 

Visualiza a Jesús en la cruz, entregando Su vida por ti; luego, recuerda un momento en el que hiciste algo bueno por otra persona. 

Pide la gracia de un amor desinteresado hacia Dios y hacia los demás. 

1. Él le respondió: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas». 

Estos dos mandamientos son inseparables. No se puede amar a Dios con todo el propio ser sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. 

El mandamiento de amar a Dios y al prójimo suele simbolizarse mediante la cruz, que representa el amor de Dios por la humanidad, manifestado a través del sacrificio de Jesucristo. El amor al prójimo se expresa a menudo con un corazón, símbolo del cuidado y el afecto hacia los demás. En el contexto de los Diez Mandamientos, los tres primeros se refieren a nuestro amor por Dios, mientras que los siete restantes nos enseñan cómo amar al prójimo y a los demás. 

2. El mandamiento de amar a Dios y al prójimo conlleva muchas implicaciones para nuestra vida cotidiana. He aquí algunas de ellas: 

El amor es lo primordial: Estos dos mandamientos subrayan que el amor es el aspecto más esencial de nuestra fe y de nuestra vida. Sin amor, todas nuestras acciones y prácticas religiosas carecen de sentido. ¿Es el amor lo más importante para mí?, ¿y cómo lo expreso en mi vida diaria? 

Todos son nuestro prójimo: El mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo nos enseña que todas las personas —sin importar su raza, religión o procedencia— son nuestro prójimo y merecen nuestro amor y respeto. ¿Trato a cada persona con amor y respeto? 

El amor requiere acción: El amor no es solo un sentimiento; es también una acción. Amar a Dios significa obedecer Sus mandamientos, y amar al prójimo significa cuidar de los demás y ayudarles en momentos de necesidad. ¿Se basa mi amor por los demás más en palabras o en hechos? 

El amor transforma: Cuando amamos a Dios y al prójimo, no solo influimos en sus vidas, sino que también nos transformamos a nosotros mismos. El amor nos convierte en mejores personas. ¿Permito que Dios y los demás transformen mi vida? 

El amor une: El amor a Dios y al prójimo nos conecta unos con los otros y con Dios. Crea una comunidad de personas unidas por el amor. ¿Soy alguien que une a los demás, o alguien que crea división? 

La Biblia está llena de amor. Los versículos bíblicos sobre el amor son mucho más que simples citas inspiradoras: son guías para ayudarte a ser una mejor persona, mejorar tus relaciones con los demás y seguir a Jesucristo. Dios nos manda mostrar misericordia —el amor puro de Cristo— a todos. Dios desea que amemos al prójimo tal como Él nos ama a nosotros: con un amor desinteresado, bondadoso y eterno. Elige una de las citas presentadas y ponla en práctica durante los próximos días. 

«El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia, no presume, no es arrogante». (1 Corintios 13,4) 

«Amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios; todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor». (1 Juan 4,7–8) 

«Donde hay amor, no hay temor; el amor perfecto echa fuera el temor». (1 Juan 4,18) 

«No amemos con palabras ni de labios para afuera, sino con obras y de verdad». (1 Juan 3,18) 

«Más bien, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así recibirán una gran recompensa…» (Lucas 6,35) 

Jesús dio a sus discípulos un mandamiento nuevo: amarse unos a otros tal como Él nos ha amado. Es a través de este amor mutuo como todos sabrán que somos sus discípulos. 

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