Coordinadora de Pastoral del colegio de Sta. María de El Valle, de Sevilla, llevando directamente la pastoral y la religión de Infantil. Profesora de Infantil y Primaria.
Mt, 13, 1-9
Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Se reunió junto a él una gran multitud, así que él subió a una barca y se sentó, mientras la multitud estaba de pie en la orilla. Les explicó muchas cosas con parábolas:
—Salió un sembrador a sembrar. Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino, vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida; pero, al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron. Otras cayeron entre cardos: crecieron los cardos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
Quien tenga oídos que escuche.

Jesús nos habla a través de la naturaleza, como tantas veces, nos habla como a niños, quiere que entendamos bien su Buena Noticia y nos lo pone fácil, pero, aún así, vivimos tan rápido que no profundizamos en su mensaje.
¡Cuántas veces dejamos que los “pájaros” se lleven nuestras semillas! Las distracciones, los “aviones”, como decía el padre Arrupe, la pereza, el estrés, el egocentrismo… hacen que la palabra no cale en nosotros.
Otras veces nuestro corazón se vuelve de piedra y creemos que con un gesto pasajero basta, somos superficiales y nos dejamos ir, no trabajamos nuestro interior y dejamos que la semilla acabe muriendo porque no encuentra dónde arraigar.
Y cuando nuestras acciones se quedan en buenas intenciones, cuando se nos va la fuerza por la boca, cuando no predicamos con el ejemplo… dejamos que las “zarzas” ahoguen la palabra recibida.
Solo cuando trabajamos Su palabra, cuando tratamos de hacerla nuestra, de hacer coherente nuestra vida con todo lo que Jesús pone a nuestro alcance, seremos “tierra buena”. No siempre damos el mismo fruto, pero debemos intentarlo y entrenar día a día para dar el máximo.
La Palabra es alimento, es motor y es Vida, escuchémosla en profundidad como Jesús nos pide.



