Vivo en el Besós, Barcelona. Actualmente colaboro en MigraStudium con clases de español a inmigrantes como voluntaria
Mt, 22, 1-10
Jesús tomó de nuevo la palabra y les habló con parábolas:
El reino de Dios se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo.
Despachó a sus criados para llamar a los invitados a la boda, pero estos no quisieron ir.
Entonces despachó a otros criados encargándoles que dijeran a los invitados: Tengo el banquete preparado, los toros y cebones degollados y todo pronto; venid a la boda. Pero ellos se desentendieron: uno se fue a su finca, el otro a su negocio; otros agarraron a los criados, los maltrataron y los mataron.
El rey se encolerizó y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos e incendió su ciudad. Después dijo a sus criados: El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no se lo merecían. Por tanto, id a los cruces de caminos y a cuantos encontréis invitadlos a la boda.
Salieron los criados a los caminos y reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos. El salón se llenó de convidados.

El contexto de esta parábola de Jesús es la pregunta por el reino de Dios.
En el texto que leemos hoy no está aún el comensal que se presenta sin el traje de boda, pero sí que están claras las dos clases de invitados: Unos no quieren acudir al banquete y además aparecen como asesinos, (¿qué sentirían al ser invitados, hasta llegar a matar a los criados?). Se autoexcluyen por intereses personales de poder: sus campos, sus negocios… No aceptan la invitación … Les produce una rabia enorme. A lo mejor es de impotencia de hacerse sencillos. Tienen el corazón ocupado. Se viven a sí mismos como ocupados por las cosas.
Los otros, toda clase de gente, de toda calaña, malos y buenos que se encuentran en los cruces de los caminos, son los de la calle, los distintos, los sin-nombre, los sin-cosas, los de fuera, los que tienen otras lenguas.
Los excluidos, malos y buenos, son los que llenan la sala.
Nuestros cálculos sobre quiénes están invitados y a quiénes consideramos fuera del banquete, a menudo no siguen los criterios de Jesús en esta parábola. ¿De qué nos defendemos al rechazar a veces, también nosotros la invitación? A lo mejor también sufrimos de aporofobia.
El Señor llama a todos. Todos, todos, todos somos llamados al banquete del reino.
¿Cómo nos acercamos a los otros?, ¿cómo acogemos al diferente? ¿El amor de Jesús llega a cada distinto a través de nosotros?, ¿Dejamos entrar a los otros en el banquete?, ¿a los que andan por los cruces de los caminos?
Te pedimos que ocupes Tú nuestro corazón. Te rogamos que nos conviertas.
Danos, Señor un corazón nuevo porque nos hace mucha falta. Urge el Reino



