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«En la memoria de la piel» reseña de Dolores Aleixandre rscj

Sep 15, 2023

en la memoria de la piel reseña de Dolores Aleixandre rscj

«En la memoria de la piel» reseña de Dolores Aleixandre rscj

en la memoria de la piel reseña de Dolores Aleixandre rscjAnuncio de un pack antiedad en el escaparate de una farmacia: Tu piel, tu historia. A esa misma conclusión llego yo al terminar de leer este libro. La razón de mi asentimiento es más honda: agradezco tener entre las manos un libro que me hace ver, sentir y hasta participar en lo que la vida con sus provocaciones, vaivenes, imprevistos, luces, sombras o penumbras, va dejando en la piel/historia de una mujer creyente.

Cada página y cada bloque – qué cabal la elección de sus nombres- van dando cuenta de todo ello y, como un atrapavientos que oscila ante la brisa más tenue, reflejan respuestas y asociaciones originales e insospechadas: “La vida, a poco que uno esté abierto y viva atento, ya se encarga de movernos en cualquier dirección – afirma la autora – como una danza, como un juego, como una peregrinación”.

El libro invita a ir más allá de lo que en la vida nos va rozando de manera fugaz, a eso que los creyentes llamamos epifanías: algo inesperado nos deslumbra y nos permite tocar y dejarnos tocar por Aquel que habita lo más profundo de lo real.

Las des-velaciones que van apareciendo son de procedencias múltiples: una noticia, una canción, un texto bíblico, un poema, un paisaje y hay que estar preparado y ágil para pasar de Ireneo de Lyon a Joaquín Sabina, de Teresa de Jesús a Pau Danés, de los guerreros sakura a Juliana de Norwich. A viajar de Turquía a la Toscana o a Taiwan, dispuestos a aprender de las cicatrices, los tsunamis, las fallas valencianas, los toros, la abuela con alzheimer o los vencejos.

En el lenguaje de su autora, recién doctorada en teología, las palabras e imágenes tienen la marca de la proximidad y sus preocupaciones – desde el anciano muerto de hipotermia en París a la supervivencia de sus plantas en verano- están conectadas con lo cotidiano, sin emigrar a ese dialecto de quienes, dentro de su intranet, se afanan por dar respuestas a preguntas que nadie les ha hecho.

Rosa habla de un Dios a la espera de la belleza que somos, de un Dios que “siempre nos lee bien”, que alienta nuestro potencial imparable, que está presente allí donde se apuesta por vivir.
Y decir todo eso con frescura, humor y sencillez es un don que solo se alcanza por ventura.

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