Un escrito desde el agradecimiento
Por Patxi Sanjuán. Educador
Zabaldika, ese pequeño gran pueblo que hace de la acogida arte. Una Comunidad del Sagrado Corazón disponible y cercana que sabe concretar ante quien llama a su puerta el mensaje liberador de Jesús de Nazareth refugiado, emigrante o peregrino. Hace 13 o 14 años nació en Zabaldika un proyecto ilusionado que tomó por nombre Transpirenaica Social Solidaria. Ya somos varios los cientos de chavales y personas educadoras acogidas aquí en nuestro cruce montañero del Cantábrico al Mediterráneo. Son también miles los peregrinos, hombres y mujeres, que han recalado en su albergue y compartido mesa, mantel, oración y reflexión en su coro acogedor.
Es tan fácil aprovechar la disponibilidad de esta comunidad religiosa… “aquí estamos para la gente joven, para la gente educadora y para quien necesite compañía, un simple café o una pasta de coco”.
Este fin de semana la delegación navarra de la Transpirenaica hemos podido impartir un curso sobre convivencia a una cuadrilla de jóvenes en el albergue de peregrinos de Zabaldika. ¿Qué tiene este local que tanto facilita la comunicación profunda y entrañable? ¿Qué hace que tanto jóvenes como educadores sintamos que nos encontramos en un espacio protegido? ¡Qué experiencias y testimonios de cruces de mares y desiertos, de búsquedas incansables de caminos hacia proyectos de vida tan soñados! ¿Qué tiene Zabaldika? ¿Será acaso que Dios, al que algunos chavales llaman Alá, y a quien extendiendo sus alfombras de forma tan natural y con gran libertad y agradecimiento, se dirigen, se hace presente en estos rincones?
En Zabaldika ocurren cosas importantes, esta semana una veintena de personas, dentro del programa BIZI PROIEKTUAK LAGUNDUZ -Acompañando proyectos de vida-1 han reflexionado sobre la realidad humana del conflicto. Han participado en representaciones de conflictos vividos en primera persona; han compartido experiencias duras pidiendo solo comprensión y reconocimiento, han escuchado silencios con miradas fijas que son acogida, y han vivido el abrazo fraterno
de quienes tenemos la capacidad de quererlos incondicionalmente y sabemos de su grandeza humana. Zabaldika facilita el encuentro “sois como mi familia”, “aprendo con vosotros cosas importantes para la vida” “Me siento tratada como persona” “Yo, que soy musulmán, entiendo el toque de campana y tiro de su cuerda feliz mirando a la Meca” ¿Qué tiene Zabaldika? Están saliendo las flores de la pradera, otra vez la naturaleza aliada con la acogida incondicional.
Las personas participantes en el curso hemos valorado lo aprendido como regalo, hemos hablado de convivencia, de dificultades y facilidades, de miradas que acogen y de gestos que rechazan. Hemos pensado en cómo destrenzar nudos, como callar y escuchar acogiendo, como transmitir comprensión y respeto. Por ahí entre mesas y sillas andaban la empatía, algo despistada impregnándolo todo, el cuidado, la mirada profunda intentando desenterrar de capas y capas de sufrimiento las posibilidades y competencias de estos jóvenes luchadores, íntegros y maduros en su juventud. “¿Cuándo podré echar una mano a mi familia?” “¿Cómo compaginar mi necesidad de formación con las necesidades vitales y urgentes de mi familia?” “Aquí me entendéis y sabéis cuál es el recorrido en el que me embarqué antes incluso de subirme a aquella patera, y me ayudáis a mirar el camino que me queda por recorrer” “Estos días en Zabaldika , cuando os he hablado de mi familia os han brillado los ojos” Y nosotros educadores educados… “Estoy seguro, chaval, de que tus padres son gente extraordinaria porque tú brillas con su luz. Sigue caminando chaval, sabes que ese abrazo de tu madre con el que sueñas en silencio cada noche llegará; mientras tanto, aquí estaremos para acompañarte y, tenlo en cuenta, también para dejarnos acompañar por tu riqueza humana”.
Gracias amigas de la comunidad del Sagrado Corazón de Zabaldika por cocrear con nosotros, gracias por esa mirada franca y esa acogida genuina que nos brindáis y brindáis a los jóvenes a los que acompañamos. Entre todos contribuimos a que confíen en sus posibilidades, a que sigan creyendo sin desfallecer, a que no se rindan… seguimos con ellos. Volveremos a sentarnos en la pradera, ahora que van a salir las flores, a ver cómo nuestros chavales, hoy todavía semilla, promesa, se abren en sus mil colores para nosotros y nos ofrecen el regalo de su diversidad.



