Dolores Aleixandre rscj y Mª Dolores López Guzmán | Respirar Salmos
Entregar el Espíritu
Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás (Sal 31,5)
La entrega llegó al extremo. No se quedó con nada. Se despojó de todo: de sus vestiduras, sus amigos, su madre… No fue una entrega dulce, rodeada de cariño y de una atmósfera pacífica, sino de voces que clamaban contra él. En tus manos están mis azares; líbrame de mis enemigos que me persiguen (Sal 31,16). Habría sido suficiente con morir. Un paso dramático para quien ama la vida. Pero el instante mortal estuvo acompañado de una jauría humana. ¿Qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa? ¿Te va a dar gracias el polvo, o va a proclamar tu lealtad? (Sal 30,10).
Y así como el Padre había puesto todo en manos del Hijo (Jn 3,35), ahora el Hijo confiará su vida a su Padre para que hiciera algo con ella. Por eso las palabras del salmo resonaron en su interior. Padre a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 31,5; Lc 23,46). No había nadie mejor para que se hiciera cargo de lo más sagrado de su persona. El salmista pensó que Dios lo libraría de la muerte; Jesús, que obraría un milagro mayor abriendo la puerta de la resurrección. Una vía nueva fruto de la acción creadora propia de las manos de Dios. El Padre no solo recibió el espíritu de Jesús sino que lo hizo aún más fecundo.

Autor: Nikola Saric
Invitaciones
- Respiro en silencio. Lleno los pulmones de aire hasta lo más profundo. Realizo cuatro compases (inhalar, retener, expulsar, retener) invirtiendo cuatro segundos en cada uno de ellos. No busco palabras, ni discurso. Solo sentir el roce del aire al entrar en mi cuerpo. Simplemente tomo conciencia de que de Él recibo la vida.
- Miro a mi alrededor. Recuerdo que todo ser viviente pasará la travesía de la muerte. Como decía el poeta Jorge Manrique “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”. Dirijo peticiones a Dios, como a un buen amigo, para que nos ayude a ponernos desnudamente en sus manos.



