Ha sido profesora de Sagrada Escritura en la Universidad Comillas. Autora de numerosos libros, sigue colaborando con distintas revistas y dando cursos y conferencias sobre temas bíblicos y de espiritualidad
Jn 1, 1-14
Al principio ya existía la Palabra
y la Palabra se dirigía a Dios,
y la Palabra era Dios.
Ésta al principio se dirigía a Dios.
Todo existió por medio de ella,
y sin ella nada existió de cuanto existe.
En ella había vida,
y la vida era la luz de los hombres;
la luz brilló en las tinieblas,
y las tinieblas no la comprendieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino un testigo de la luz.
La luz verdadera que ilumina a todo hombre
estaba viniendo al mundo.
En el mundo estaba, el mundo existió por ella,
y el mundo no la reconoció.
Vino a los suyos,
y los suyos
no la acogieron.
Pero a los que la acogieron,
a los que creen en ella,
los hizo capaces de ser hijos de Dios:
quienes no han nacido de la sangre
ni del deseo de la carne,
ni del deseo del varón, sino de Dios.
La Palabra se hizo hombre
y acampó entre nosotros.
Y nosotros contemplamos su gloria,
gloria como de Hijo único del Padre,
lleno de lealtad y fidelidad.

BIOGRAFÍA DE LA LUZ
Como buen semita que es, Juan se expresa subrayando los contrastes:
con la Palabra/sin ella;
existir/no existir
luz/tinieblas;
recibir/no recibir;
ser luz/ser su testigo;
nacer de la carne/nacer de Dios;
Moisés/Jesús
Dios/hombre
Esa mirada que capta lo dramático de la realidad sin evitar sus aspectos conflictivos, nos invita a mirar también de frente los “tiempos de colapso” que vivimos. Y a coincidir también con la esperanza de su afirmación:
“La luz resplandece en las tinieblas” (Jn 1, 5)
Desde nuestra mirada occidental sobre el ciclo día/noche, creemos que la luz1 es el punto de partida: surge en el amanecer, llega a su zenit a mediodía y va decreciendo naturalmente hacia la oscuridad de la noche.
En cambio, para la mirada bíblica, el alba comienza en la noche, antes del nacimiento de la luz y hay continuidad entre oscuridad/luz porque el origen de del día está en la noche y la luz surge en medio de las tinieblas. Eso significa que en medio de las tinieblas se esconde un impulso de crecimiento que evolucionará naturalmente hacia la luz.
Así lo expresa este midrash:
“En medio de la noche, hay luna y hay estrellas. El momento de verdadera oscuridad es cuando llega el alba porque entonces la luna y las estrellas desaparecen y no existe mayor oscuridad que la de ese momento. Pero es precisamente entonces cuando el Santo, bendito sea, responde al clamor del mundo y hace surgir el alba en medio de las tinieblas para iluminarlo”.



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