Evangelio 1 de marzo con comentario de Mariado Górriz rscj

Feb 26, 2026

RSCJ

Mt 17, 1-9 

Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol, sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: 
   —Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 
  Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió una voz que decía: 
   —Este es mi Hijo querido, 
   mi predilecto. Escuchadle. 
  Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces temblando de miedo. Jesús se acercó, los tocó y les dijo: 
   —¡Levantaos, no temáis! 
  Alzando la vista, no vieron más que a Jesús solo. 
  Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó: 
   —No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que este Hombre resucite de la muerte. 

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En este segundo domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos presenta a Jesús transfigurado”… y quizás recordemos que el domingo pasado contemplamos “Jesús tentado” en el desierto. Esta secuencia nos hace intuir que la Buena Noticia de Jesús nos quiere ayudar a “comprender” que la opacidad y desazón de la tentación– entendida como la pugna que sentimos entre nuestro autocentramiento en sus múltiples manifestaciones y la profunda atracción por vivir en apertura, agradecimiento y donación amorosa -se ilumina y resuelve al atrevernos a confiar en la hondura y anchura de la Presencia de Dios Amor, Vida, que nos habita y abraza, junto a toda la creación.

Ese mismo Jesús que “fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado…” y que encuentra salida a la tentación conectándose con su profunda identidad “hijo amado”- invita a tres de sus compañeros a nosotras/os a subir con él a un monte para mostrarnos el camino que lleva a la vida- y subió con ellos aparte a un monte y se transfiguró delante de ellos, su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz“. Jesús, previamente, había compartido con sus discípulos que la persecución lo cerca, que va a sufrir mucho… e insiste en repetírselo, cada vez que ellos se niegan a verlo.Intenta mostrarles y mostrarnos que las amenazas de muerte contra él no eran, ni son la última palabra de la vida. Que el fondo de lo real es la Presencia escondida de Dios Amor incondicional, más profunda que todos los embates de la historia… Acojamos, ahora con la Voz que dice sobre Jesús y en él sobre cada ser humano “Eres mi hijo, mi hija amada, en quien me complazco“.

Es esta experiencia la que alimenta la vida histórica de Jesús, de la que bebe y en la que vive, la que convierte su vida en BUENA NOTICIA; la que transmite como sentido eterno de cada persona y de la creación entera; la que nos invita a descubrir la misericordia de Dios, aquí y ahora, en este mundo, en la propia historia. La que nos alienta a dejarnos transformar, “transfigurar” por ella en misericordia, compasión, bondad, cuidado de toda vida…

Es una escena extraña y bella al mismo tiempo, que como a sus discípulos, posiblemente nos sorprenda y asuste. Nos sorprende porque nos conduce a la dimensión más honda de nuestra vida: el Espíritu de Dios, el mismo que habitó a Jesús habitándonos… Y nos asusta porque “no lo podemos controlar desde nuestra personalidad mucho vértigo dejar de hacer pie en nuestra propia mente, corazón y voluntad, para abandonarnos confiadamente en el Amor de Dios, al descubrir que es nuestra misma identidad compartida. “En Dios vivimos, nos movemos y somos”.

El relato finaliza diciendo “no vieron a nadie más que a Jesús, solo,”quizá nos esté señalando el misterio de la vida: el latido de la divinidad escondida en la humanidad de Jesús, fuente y orientación de su vida y también de la nuestra… Ojalá nos atrevamos a “fijar los ojos en Jesús”, siguiendo la voz del Espíritu, que susurra en nuestro viaje interior ¡ESCUCHADLO vuestro rostro irradiará!

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