Licenciada en Filosofía y Letras, y en Teología. Antes de la jubilación daba clase en el Centro de Enseñanza Superior “Cardenal Spínola” de Sevilla, en el área de Humanidades, y colaboraba en la Escuela de Teología de Seglares. Es Archivera de las rscj de España. Da Ejercicios espirituales, dirige retiros y talleres de oración y colabora en formación de catequistas…
Mt 5, 1-12a
Al ver a la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. Tomó la palabra y los instruyó en estos términos:
Dichosos los pobres de corazón,
porque el reinado de Dios les pertenece.
Dichosos los afligidos,
porque serán consolados.
Dichosos los desposeídos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque serán tratados con misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se llamarán hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa del bien,
porque el reinado de Dios les pertenece.
Dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien de todo por mi causa. Estad alegres y contentos pues vuestra paga en el cielo es abundante.


No lo tuvo fácil Mateo cuando los presbíteros de la comunidad le pidieron que escribiera algo, como había hecho Marcos para los cristianos de Roma, para aclarar algunas ideas sobre Jesús que andaban turbando a los hermanos. Solo que en Antioquía el ambiente era distinto: una mezcla de judíos apegados a Moisés que despreciaban a otros, entre los que él se contaba, convencidos de que el Mesías ya había venido e intentaban vivir a su ejemplo… Mateo recordó: el Maestro no quería prohibiciones, sino que ofrecía caminos de felicidad a quienes le seguían, aunque era una felicidad distinta. Así lo había leído en un papiro que custodiaba la comunidad: Felices sois los que tenéis hambre, los que lloráis, los que odia la gente. Y comprendió: esos eran ellos. Pensó que había que alargar la lista porque las situaciones eran muy variadas: estaban los que cambiaban el proyecto de tener por el proyecto de compartir, los que se situaban siempre en los últimos puestos, los apesadumbrados por sus miserias y que sintonizaban con el dolor de los demás, los que intentaban reconstruir relaciones rotas, los que ponían la compasión por delante de sus propios derechos, los deseosos de un corazón semejante al del Maestro… Había más: los que se empeñaban en convivir amablemente con los que les despreciaban… y los perseguidos, los que veían en peligro sus vidas por no obedecer a Moisés. Porque Jesús era más que Moisés, y Marcos decía que también el Maestro, cuando les hablaba, solía subir a un monte. Así pues, ser cristiano era estar contentos, como decía aquel papiro, cuando les persiguieran, les injuriaran, y les atribuyeran toda clase de mal, porque eso le había pasado a su Maestro.



Qué bien nos pones en escena las bienaventuranzas!
Muchas gracias, Rosa