Dolores Aleixandre rscj y Mª Dolores López Guzmán | Respirar Salmos
¡Aleluya!
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
¡Aleluya! (Sal 146,10)
Y la luz se hizo. Como en el principio (Gn 1,3-4). Y con la luz se fueron retirando las tinieblas. Una nueva creación asoma. O una re-creación, quizás. Porque no tiró por la borda lo antiguo. Lo llevó a una plenitud impensable gracias a la transformación de todas las cosas en él, en su persona, a través de lo que hizo. Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo (2Co 5,17).
Jesús puso su vida en manos del Padre. Sabía que actuaría a su favor. Por eso, en medio de la dificultad, repetía una y otra vez: los que esperan en ti no quedan defraudados, mientras que el fracaso malogra a los traidores… tengo los ojos puestos en el Señor porque él saca mis pies de la red (Sal 25).
¿Quién podría describir la alegría de Jesucristo? ¿Y la del Padre, María y el Espíritu? El corazón a punto de explotar en una comunión de gozo inimaginable. Y no se alegraban solo por ellos, sino fundamentalmente por nosotros. Porque quedaba ya abierta para siempre una puerta al reino de los cielos para todos. Solo queda vivir confiados y traspasar el umbral cuando llegue el momento. Como él.
La vida continúa y las sombras aparecen de vez en cuando. Vivimos en ese tiempo extraño entre el dolor y la gloria. Por eso hay que extremar la vigilancia para no perder de vista las señales de resurrección que el mundo desestima. No caigamos en la trampa más habitual de creer que debería estar en el éxito, los oropeles y los aplausos que al final defraudan y nos dejan vacíos. Los verdaderos testigos nos lo recuerdan: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lc 24,5).

Autor: Nikola Saric
Invitaciones
- Recito el ultimo salmo del salterio: El gran Aleluya (palabra hebrea que significa “alabad a Yahvé”). Me sumo a la alegría de todos lo que quieren alabar a Dios.
- Hago memoria de las personas que me han precedido y que ahora gozan en el cielo junto a Dios. Medito sobre la misión que todavía mantienen actuando siempre a nuestro favor. Doy gracias por ello.
- Celebro la resurrección con la composición del Aleluya de El Mesías que Haendel compuso en 1741 para coro mixto, orquesta de cuerda, trompetas y timbales. Doy cauce a través de la música a la explosión de alegría causada por la resurrección del Señor.



