Párroco en Granada
Mt 5, 1-12a
Al ver a la multitud, subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. Tomó la palabra y los instruyó en estos términos:
Dichosos los pobres de corazón, porque el reinado de Dios les pertenece.
Dichosos los afligidos, porque serán consolados.
Dichosos los desposeídos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa del bien, porque el reinado de Dios les pertenece.
Dichosos vosotros cuando os injurien, os persigan y os calumnien de todo por mi causa. Estad alegres y contentos pues vuestra paga en el cielo es abundante.

En el instituto, en cuarto curso, nos explicaron la teoría de un sociólogo, un tal Maslow, que dibujó una pirámide para explicar nuestras necesidades.
Abajo puso lo elemental: comer, beber, dormir, sentirnos seguros.
Después vienen el afecto, la pertenencia, el reconocimiento.
Y arriba del todo, la realización, el sentido, lo que nos trasciende.
Tiene lógica. Primero sobrevivir. Después, vivir. Y quizá, cuando todo esté más o menos resuelto, preguntarnos para qué vivimos.
Hasta que aparece Jesús. Y parece coger la pirámide y ponerla patas arriba.
«Bienaventurados los pobres.
Los que ahora tenéis hambre.
Los que ahora lloráis».
Y uno piensa: Jesús, a esta gente le falta la base.
Jesús no dice que el hambre sea buena.
Ni convierte la pobreza en una virtud.
Hay que combatirlas. Pero descubre algo que Maslow no puede medir:
que puedes tener cubierta toda la pirámide… y no saber para qué demonios te levantas mañana. Puedes estar saciado y tener hambre. Puedes tener una casa llena y sentirte profundamente solo. Puedes ser admirado por todos y no saber quién eres cuando nadie te mira.
Jesús no condena tener. Advierte del peligro de estar lleno. Tan lleno de seguridad. De cosas. De reconocimiento. De nosotros mismos… que ya no quede sitio para la pregunta.
Porque quizá hemos entendido la pirámide al revés. Quizá lo espiritual no empieza cuando ya tienes resuelta la vida.
Quizá empieza exactamente el día en que descubres que, aunque tengas todo lo de abajo… todavía tienes hambre.


