“La isla de Amrum” es una película que se asoma en los cines entre grandes producciones de Hollywood, como por ejemplo “Michael”, el biopic sobre Michael Jackson, o la segunda entrega de “El diablo se viste de Prada” con la gran Meryl Streep. En medio de estas y otras propuestas, la película de Fatih Akir, basada en la infancia del actor alemán Hark Bohm, es una pausa necesaria de aquellas que hacemos cuando sentimos que perdemos el control sobre nuestra vida… y que nos ayudan a tocar el fondo del alma ya reanudar el sentido de lo que hacíamos.
Amrum es una isla alemana del Mar del Norte, conocida por sus preciosos paisajes y extensas playas. Pertenece a Alemania, pero el hecho de estar aislada del continente le da un estatus muy particular, sobre todo en tiempos de dificultad y de guerra. Estamos en 1945, a finales de la Segunda Guerra Mundial, y en Amrum se vive la precariedad propia de un conflicto bélico que se alarga en el tiempo: falta de noticias y de comida, hombres que mueren en la frente, incertidumbre por poner fecha a la deseada paz…
En este contexto, Nanning, un chico de 12 años, vive con su familia en este rincón de Europa, mientras su padre lucha por devolver la gloria a Alemania. Con dos hermanos pequeños, y otra hermana por nacer, la situación familiar es tensa y angustiosa por la falta de provisiones y de futuro. Hace años que la guerra lo destruye todo, y una inminente derrota del Tercer Reich abre aún más interrogantes y dudas. Nanning y su familia son firmes partidarios del régimen nazi y desde este posicionamiento el fin de la guerra supone una dolorosa derrota.
Nanning, en su inocencia y contradicción, es capaz de teñir de bondad una situación general bien compleja: su fiel amistad con Hermann, sus trabajillos para traer comida a casa, el deseo de complacer a su madre después del parto… nos descubren la posibilidad de que la bondad triunfe en medio de la guerra y sus consecuencias. Un triunfo poco significativo pero que llena de orgullo al protagonista, que conectan con nuestros pequeños gestos cotidianos, a menudo también irrelevantes.
Ganadora del BCN Film Fest 2026 con el premio a la Mejor película, “La isla de Amrum”, es un pequeño oasis visual que nos deja algunas preguntas: ¿hasta qué punto, también ahora mismo, el autoritarismo es capaz de convivir sin complejos con la democracia? ¿Cómo sobreponernos al mal y compensarlo con una brizna de bondad? En un mundo en descomposición, ¿cómo cultivar la siempre delicada esperanza? Quizás con la convicción de quien sólo es capaz de entender el mundo como un lugar para vivir en él.
Teresa Gomà i Ribas, rscj




