Evangelio 22 de marzo con comentario de Marta Ferré

Mar 19, 2026

RSCJ

Jn  11, 3-7. 17.20-27.33b-45 

Las hermanas de Lázaro le enviaron este recado: 
   —Señor, tu amigo está enfermo. 
  Al oírlo, Jesús comentó: 
   —Esta enfermedad no ha de acabar en la muerte; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. 
  Jesús era amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que estaba enfermo, prolongó su estancia dos días en el lugar. 
  Después dice a los discípulos: 
   —Vamos a volver a Judea. 
 Cuando Jesús llegó, encontró que llevaba cuatro días en el sepulcro. 
 Cuando Marta oyó que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. 
  Marta dijo a Jesús: 
   —Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concederá. 
  Le dice Jesús: 
   —Tu hermano resucitará. 
  Le dice Marta: 
   —Sé que resucitará en la resurrección del último día. 
  Jesús le contestó: 
   —Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees? 
  Le contestó: 
   —Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo. 
 Jesús se estremeció por dentro y dijo muy conmovido: 
   —¿Dónde lo habéis puesto? 
   Le dicen: 
   —Ven, Señor, y lo verás. 
  Jesús se echó a llorar. 
  Los judíos comentaban: 
   —¡Cómo lo quería! 
  Pero algunos decían: 
   —El que abrió los ojos al ciego, ¿no pudo impedir que este muriera? 
  Jesús, estremeciéndose de nuevo, se dirigió al sepulcro. Era una caverna con una piedra delante. 
  Jesús dice: 
   —Retirad la piedra. 
   Le dice Marta, la hermana del difunto: 
   —Señor, ya hiede, pues lleva cuatro días muerto. 
  Le contesta Jesús: 
   —¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios? 
  Retiraron la piedra. 
   Jesús alzó la vista al cielo y dijo: 
   —Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me enviaste. 
  Dicho esto, gritó con fuerte voz: 
   —Lázaro, sal afuera. 
  Salió el muerto con los pies y las manos sujetos con vendas y el rostro envuelto en un sudario. 
   Jesús les dijo: 
   —Desatadlo y dejadlo ir. 
  Muchos judíos que habían ido a visitar a María y vieron lo que hizo creyeron en él. 

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