
«Marty Supreme» es una firme candidata a diversos Oscar (tiene un total de 9 nominaciones, entre ellas a la mejor película, director, actor y guion original) en el debut en solitario de Joshua Safdie (esta vez sin su hermano Ben) con una película madura que convence desde el primer momento. Basada en la historia de Marty Reisman, un buscavidas neoyorkino que llegó a ser campeón internacional de ping-pong. Un auténtico pícaro del siglo XX, que nos mete en el ritmo frenético de su propia vida: siempre corriendo, saltando de escena en escena (perro, incendio, accidente, tiroteo…), resolviendo con su locuacidad todos los obstáculos que se le presentan, aprovechándose incluso de su propia madre… víctimas todos ellos de mil promesas incumplidas.
Este drama deportivo tiene una factura impecable, con una cámara que domina el espectáculo, que nos hace correr a la velocidad del protagonista hasta el agotamiento… por suerte, desde nuestra butaca, porque las dos horas y media están poco justificadas. Un retrato de una sociedad muy desigual que ha sobrevivido a una Guerra Mundial y que necesita personas valientes y ambiciosas que quieran dejar atrás el dolor y la grisura: ahí Marty, un antihéroe de manual, siempre se presenta voluntario para conseguir lo que parece imposible, del modo que sea.
Con una gran actuación de Thimotée Chalamet, su carisma personal, dentro y fuera de la pantalla, nos gana para su causa desde el principio, en una mezcla de arrogancia y vulnerabilidad que le hace casi irresistible.
Dejémonos seducir por esta película y augurémosle el mejor de los éxitos. Y que el equipo que hay delante y detrás de la cámara sigan haciendo este cine tan completo que siempre merece el precio de la entrada y el tiempo que le dediquemos.
Teresa Gomà i Ribas, rscj



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