Físico y matemático. Profesor de universidad y miembro de las comunidades Mag+s y Hakuna. Apasionado de Jesús, cuanto más aprendo de Él más me cautiva: su mensaje es realmente un “evangelio”, una buena noticia para todos.
Jn 1, 29-34
Al día siguiente Juan vio acercarse a Jesús y dijo:
—Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. De él yo dije: Detrás de mí viene un varón que es más importante que yo, porque existía antes que yo. Aunque yo no lo conocía, vine a bautizar con agua para que se manifestase a Israel.
Juan dio este testimonio:
—Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

¿Cómo presentar al protagonista de una historia? En cualquier novela o película, todo buen personaje necesita una buena presentación. Los evangelistas también tuvieron que afrontar esta cuestión al presentar al protagonista de sus libros, y cada uno lo hace de forma distinta. En este contexto, podemos decir que el pasaje de hoy constituye el cierre de la presentación de Jesús en el evangelio de Juan. Una presentación que comienza ya desde la primera frase del libro («Al principio ya existía la Palabra») y culmina en el testimonio de Juan Bautista («Él es el Hijo de Dios»).
Merece la pena detenerse en los recursos que utiliza Juan para llevar a cabo esta presentación. En primer lugar, al ser este evangelio el más tardío, Juan da por supuestos muchos hechos que sí narran los demás evangelistas. El pasaje de hoy se corresponde con el bautismo de Jesús, pero está contado de una forma muy distinta a la que estamos acostumbrados. A Juan no le interesa tanto relatar los sucesos de forma histórica —asume que el lector los conoce—, sino comenzar a construir toda una teología en torno a la figura de Jesús, presentándolo a través de imágenes y títulos simbólicos.
La riqueza y variedad de estos títulos resulta verdaderamente sorprendente (hoy nos resultan familiares, pero la mayoría se introdujeron por primera vez en este evangelio): durante el primer capítulo, Jesús es presentado como la «Palabra que preexistía junto a Dios y era Dios», la «luz verdadera que ilumina a todo hombre», la «Palabra que se hizo hombre y acampó entre nosotros» y, llegando al pasaje de hoy, como el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», «Aquel que viene a bautizar con Espíritu Santo» y, finalmente, el «Hijo de Dios». Todos estos títulos evocan imágenes muy potentes, cada una con su propia carga simbólica, que van actuando como olas del mar que, una tras otra, van dejando su huella en el lector.
Todo esto hace que, al llegar al testimonio final de Juan Bautista, el lector ya tenga una idea muy clara de la importancia del protagonista de este libro. Así, cuando en la escena siguiente Jesús aparece en persona y pronuncia sus primeras palabras («¿Qué buscáis?»), lo hace con toda la atención del lector ya captada, que no tiene dificultad en imaginarse a sí mismo, como uno de los primeros discípulos, siguiendo a este personaje tan fascinante.



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