La interculturalidad en México

Escribir o hablar sobre la interculturalidad en México en pocas palabras es una faena un tanto difícil. Sin embargo, trataré de esbozar la riqueza de la interculturalidad de mi país y sus expresiones teológicas.

Cualquier persona que no es mexicana y piensa en México seguramente vendrá a su memoria la fiesta, la comida variada, la música con trompetas y gritos, los colores, las playas y alguno que otro personaje o director de cine. Si ha seguido las noticias últimamente, es probable que venga a su mente la inseguridad por el crecimiento del narcotráfico o la presencia de huracanes en las costas del Caribe. Si se es español o española seguramente recordará que México formó parte del antiguo imperio y se llamaba Nueva España hasta antes de 1821.

La diversidad cultural no llegó a los territorios que hoy conocemos como México con la llamada “llegada de los españoles”. La multiplicidad de culturas existía desde que los pueblos mesoamericanos comerciaban entre sí o se invadían unos a otros para extender o conquistar territorios. Pero esa diversidad de culturas trató de homogeneizarse con la lengua castellana, la religión católica y las leyes aplicadas por los nuevos gobernantes sobre los pueblos conquistados. Con esto quiero decir que la diversidad cultural siempre coexistió, sólo que una cultura dominó a otras, luego el nacimiento de nuevas culturas sustituyó a otras en el dominio.

En 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en armas contra el Mal Gobierno mexicano, a diferencia de otros grupos rebeldes en América Latina, el EZLN no deseaba el poder político sino la reivindicación de la existencia de los pueblos indígenas y su inclusión en la toma de decisiones en todos los niveles de la vida pública, para que se les reconozca su dignidad como pueblo y su carta de ciudadanía global.

Este hecho y esta reivindicación del derecho a existir y del derecho a convivir son elementos que marcan profundamente la interculturalidad en México. Me atrevo a decir que, por primera vez, en el imaginario colectivo del mexicano y la mexicana común una cultura o un grupo no tiene que o no debe dominar a otros. Todos los grupos étnicos y sociales en México podemos coexistir y disfrutar de lo que es común para todos: territorio, recursos naturales, educación, gobierno, alimento, vivienda, etc.

La diversidad cultural era evidente hasta antes de ese hecho, sólo con mirar atentamente se podían encontrar personas con rostros de rasgos distintos por la mezcla de grupos étnicos indígenas y de diversas partes del orbe que han llegado a México en distintas épocas: europeos, africanos, asiáticos, del medio oriente, alguno que otro despistado de Oceanía. Sin embargo, la discriminación arraigada en el país por varios siglos todavía era justificada en los hechos de unos grupos étnico-sociales hacia otros.

A partir de 1994 la interculturalidad, es decir, la convivencia entre culturas en un mismo territorio se convirtió en un asunto de Estado y en una búsqueda colectiva del entendimiento mutuo. Esta comprensión de que lo diverso no es necesariamente amenazante o no hay que homogeneizarlo a la cultura dominante es una tarea constante desde entonces. Esto abrió varios caminos de búsqueda de lo diverso en distintos aspectos, en la teología por ejemplo, se creía la única alternativa a la teología ortodoxa era solamente la teología de la liberación, a partir de entonces se ha visibilizado y se ha desarrollado - sin que haya temor de ser apagado por lo oficial -  la diversidad en las teologías, así encontramos en México búsquedas de desarrollo de la teología indígena, la teología feminista, la teología lésbico-gay, la teología afromexicana, y una actualización de la teología de la liberación en tiempos de postmodernidad.

La interculturalidad, a partir de la rebelión zapatista, visibilizó también los distintos modos de relacionarnos con Dios y animó las búsquedas de coexistencia entre los diversos grupos sociales que existen en México.

 

Silvia Cantó Celis