Después de estos días de Asamblea me voy con una convicción renovada y con una imagen viva que resume lo que quiero seguir viviendo: ir mirando la realidad con el corazón en la mano, ir dejándome mirar con el corazón en la mano.
A veces la realidad es demasiado dura y quiero esconder mi corazón para que no sufra, para que no me diga que “ya está bien”, que tanta pobreza y fragilidad de este Haití querido, le hace daño. Y yo lo escondo y lo guardo para defenderlo. Después me doy cuenta que así no sé vivir y le invito a contemplar, a mirar con ternura y comprensión:
la vida que lucha por vivir,
la dignidad que empuja por crecer,
el esfuerzo que quiere superar la inseguridad, el hambre y la violencia.
Así nos vamos entendiendo y aprendemos de la vida que nos rodea.
Si contemplo con el corazón en la mano aprendo
a escuchar sin adelantar respuestas,
a construir sin romper lo que ya existe,
a con-padecer sin humillar,
a dejarme ayudar sin sentirme inútil.
Es así como la contemplación da hondura al día a día. Es así como el día a día se nutre de lo contemplado. De lo contemplado con el corazón en la mano .
Matilde Moreno, comunidad de Haiti