NO SE QUEJAN

No se quejan, vienen una vez al mes a la parroquia del Besós a renovar el permiso para poder recibir comestibles de los que manda el Banco de alimentos.
El Banco manda semanalmente las cosas más variadas: algunas de primera necesidad, otras veces olvida lo que es primera necesidad para una madre joven con un bebé de 3 meses. Traen alimentos variados que deben ser sobrantes de los supermercados, pues algunos tienen pasada la fecha de caducidad. Nosotros nos quedamos tranquilos cuando hacemos por lo menos este gesto de caridad.
No se quejan, se han conformado con lo que la injusticia humana les ha deparado. No se quejan, y en sus rostros hay ternura que dan a sus pequeños, numerosos, traviesos, listos. Los niños aprenden la sumisión, es normal recibir lo que les dan, lo que no eligen, lo que a nosotros nos sobra, lo que a veces no necesitan.
No se quejan porque han perdido la memoria de lo que les pertenece por derecho: alimento, vivienda y dignidad. Tienen vacío el recuerdo de sus lugares de origen, tienen el gesto sumiso y agradecido.
No tienen voz para pedir, para protestar, para decirle al mundo nuestro que el sistema que crea tantas personas así, es un sistema enfermo. No tienen palabra porque su diferente lengua les hace callados y humildes.
No se pueden quejar, no pueden exigir, pero son seres humanos como nosotros, están cerca de nosotros y tienen nombre, y sonrisa, y familia.
Nosotros, al atardecer, tras haber mirado rostros callados, serenos, sonrientes, podemos hacer teoría y empequeñecer nuestras pretensiones; o recordar las historias entregadas porque quienes desean ser escuchados queridos, comprendidos; y dejan el corazón como alas que vuelan:
¿Quieres venir a mi casa? Vivo cerca de ti, me gustará enseñarte a los demás niños, estarán contentos de verte.
Hoy vengo a decir que he encontrado un trabajo de limpiar casas, no vendré a buscar alimentos, veo que otros los necesitan más…
La situación ha ido empeorando ¿Qué hacer? nos preguntamos cada día, ¿Cómo arreglar una situación que desborda las previsiones? El corazón dice que debemos estar con ellos, acompañarlos, dejar que entren en los criterios de nuestra vida, en nuestros modos de pensar y actuar. Es algo, pero es poco. La cabeza grita la indignación, ¿saben los que hacen las leyes a cuántos dejan no sólo en la cuneta sino en la antesala del comedor al que no pueden entrar, porque de la cocina no llega nada?.
Mire, hoy tenemos una sopa de pan como un engaño para los niños
Los pañales de la niña los tenemos que comprar, dicen que no nos toca a nosotros tenerlos a mejor precio, y en casa ninguno tenemos trabajo
Los servicios sociales repiten hasta la saciedad que no dan abasto. Y de pronto te vienen a la memoria esas diatribas de los padres de la iglesia y de los profetas de nuestra historia que gritan, denuncian, imploran.
E l primer texto es de un Padre de la Iglesia -Gregorio de Nisa-, su contexto es diferente pero es fácil leerlo desde nuestra realidad y desde el compromiso con los pobres.
El segundo texto de Juan Pablo II, pronunciado en África en enero de 1989, sigue vigente:
En estos días ha llegado una multitud de desnudos y desamparados. Una muchedumbre de cautivos está llamando a las puertas de cada uno. No nos faltan forasteros y desterrados y por todas partes podemos ver manos que se nos tienden. La casa de estas gentes es el cielo raso. Sé generoso con estos hermanos víctimas del infortunio. Dale al hambriento lo que quitas a tu vientre. Modera con sabia templanza dos pasiones que son contrarias entre sí: tu hambre y la de tu hermano.
¿Cómo juzgará la historia a una generación que tiene todos los medios para alimentar la población del planeta y que se autoexcusa para no hacerlo en una ceguera fratricida? La solidaridad no encontrará su medida justa si cada uno no toma conciencia de su necesidad... La solidaridad no es un sentimiento superficial y vago por los males que sufren tantas personas cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de trabajar por el bien de todos y cada uno, porque todos somos de verdad responsables de todos. ¿Quién no desearía que el mundo fuera de hecho fraternal? ¡La fraternidad, para que no sea una palabra vacía, tiene que generar compromisos *
Los gobiernos no escuchan estas voces, los ciudadanos estamos cegados por una crisis que no hemos buscado, los bancos acumulan dividendos y ganancias, las grades fortunas no llegan a los lugares donde se mira y se ve la necesidad, y algunas iglesias están más preocupadas por su deterioro, por sueños de cristiandad, por liturgias masivas, signos algunos de una seria involución.
Sí que en muchas parroquias locales hay ecos de esa necesidad: emociona ver cómo gentes sencillas, a las que les falta lo que a otros nos sobra, ponen en el altar cada do mingo paquetes de arroz, de pasta, botellas de aceite, ellos son los que saben lo que es lo necesario, porque también ellos lo necesitan.
Y la voz de Jesús de Nazaret sigue presente, inquietante. El tuve hambre y Me diste de comer sigue siendo el grito de la Buena Noticia , el mensaje que tenemos que actualizar, la señal del Reino: la comensalidad, y la entrada en casa de todos.
¿Veremos a los pobres sentados a esa mesa, estaremos nosotros sirviendo a los que hemos dejado en la antesala del banquete?
Textos tomados de J.I.G.F. Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas. pgs. 25 y 361.