Pentecostés - Mariola López, rscj - Publicado en Ictys


Espíritu Santo

Querríamos prepararnos para acogerte, arreglar la casa para que tú vengas, comprar unas flores, cuidar el ambiente, ponernos nuestra ropa de fiesta y que puedas quedarte si entras.

Jesús nos había contado tanto de vuestra relación: que vives en su interior, y que lo glorificas, que recibes del Padre porque todo lo suyo es de El, y que juntos lo que más deseabais era poder venir dentro de nosotros.

Ahora es en ti como Ellos nos salen al encuentro y, aunque te conocemos aún muy poco, un día descubrimos con otros que eres Tú el que va construyendo nuestra casa, el que poco a poco nos va haciendo habitables, el que juega con una ternura infinita con nuestros materiales de desecho, y no te cansas de tocarnos de nuevo, cada mañana, de acallar y unificar, como si fuera el mismo día en que comienza la Creación, el instante preciso en que toda las cosas se estrenan. Y saber que sólo Tú conoces la verdad de cada nombre, y el secreto que esconde, y la promesa de una vida fecundada.

Animador discreto y desconcertante, nos lanzas a correr hacia él y acudes en nuestra debilidad con toda tu fuerza, motor y corazón del mundo, vientecillo de la tarde en la frente de un niño. Lo tuyo es el derroche y la desmedida, creativo educador de calle, respetas el tiempo de cada uno. No imaginaba lo que te gusta bailar y salir de noche, colarte por los rincones más duros y torpes de nuestras vidas, irrumpir allí donde algunos se reúnen en Su nombre; hacernos reír cuando tocamos nuestros límites y empujarnos hacia el futuro embriagados de alegría. E- íes un abridor de brechas que no descansa, una mujer embellecida por el fruto que espera.