Con los cinco sentidos - Matilde María Moreno, rscj


Hay cosas, como ojear el periódico, que se pueden hacer de “un vistazo”. Otras, como beber un sorbo de agua, se hacen de “un trago”. También podemos espantarnos una mosca de “un manotazo”, pero para DIALOGAR necesitamos activar nuestros Cinco Sentidos.

Lo voy aprendiendo aquí, con mi gente de estas latitudes, y superando, no sin esfuerzo, el preescolar del te-digo-me-dices-nos-entendemos. Hubo un tiempo en que creí que esto era más fácil, pero ahora sé que no. Hubo un tiempo en que creí que se podía prescindir de él en situaciones de urgencia, pero ahora sé que ni soñarlo.

Mi comunidad: tres personas, tres culturas: americana del Norte, caribeña de Borinquén y española. Comunicándonos en la única lengua común a las tres: el kreyòl (que es de ninguna y de todas) y las tres inmersas en una cuarta cultura, la haitiana, absolutamente distinta a las demás. No es fácil dialogar así pero es urgente, aunque sólo sea para sobrevivir y, gracias a Dios, con el sobrevivir no nos conformamos. Cada día necesito tiempo para dialogar con las de casa, con los de fuera, con la sociedad en la que vivo inmersa, con el aire, con la naturaleza, con Dios. A veces lo hago en momentos y espacios separados pero casi siempre en situaciones en las que todo está revuelto. Porque yo me vivo así. Sin compartimentos estancos.

Al reflexionar hoy sobre el diálogo pienso que realmente estamos bien hechas. Tenemos todo lo que necesitamos para dialogar y no nos sobra nada.

- Sin la vista ¿cómo descubrir ese brillo de aprobación, ese destello de “no confío”, esa mueca de “no me estoy enterando de nada”, esa señal del cielo rojo que anuncia el atardecer o el primer rayo de la mañana?

- Sin el oído ¿cómo dejar entrar lo nuevo, descubrir matices, intuir lo temido, disfrutar de lo logrado, adivinar, en el trajín de la calle, la tensión que se acerca o la placidez de un día de fiesta?

- Sin el olfato ¿cómo poder descubrir la pregunta oportuna, la situación complicada, la confusión no confesada, la relación que se va descomponiendo o la crisis colectiva de un país que lucha entre el aborto y el nacimiento?

- Sin el gusto ¿cómo saborear acuerdos, degustar complicidades, distinguir la “puntita” de amargura o de esperanza, disfrutar con la danza colectiva de los logros populares?

- Sin el tacto ¿cómo calmar la angustia, demostrar complicidad, expresar la cercanía y el perdón, abrazar a los amigos, acoger a los compañeros y compañeras de camino con quienes empujamos la historia día a día?

Porque el diálogo es todo eso junto.

DIALOGAR no es:

un intercambio de pareceres,

“te digo para que me digas”,

“me dices y te respondo”,

“qué bien que pienses lo mismo”.

 

DIALOGAR es:

traspasar los límites de lo vivido hasta ahora como correcto,

superar el conflicto,

buscar caminos nuevos,

construir la vida juntas,

alimentar complicidades,

alterar y dejarse alterar,

abrirse para recibir,

entregarse para ser recibida,

saber mirar,

saber escuchar,

saber oler,

saber gustar,

saber tocar.

saber vivir.

saber vivir con los cinco sentidos.