Tuve la suerte de conocer hace años a Benjamín González-Buelta, en un caluroso verano de agosto en La Habana. Sus escritos siempre me han alentado y acompañado por su calidez, su hondura, su proximidad al Evangelio y a los pequeños, y debo confesar que su presencia es aún mejor que sus libros. En estos días he vuelto a reencontrarlo con gozo en Madrid y quiero traer algo que comentó y que me parece muy importante: él decía, hablando de la realidad en Cuba, y que pienso que podríamos aplicar también a nuestra vida religiosa: “ no podemos seguir quejándonos, ahora ya es tiempo de crear ”… Lo comenté con unas hermanas y a ellas también les hizo mucho bien. Cómo se canalizan nuestras energías cuando las sacamos del marco del desánimo, de la crítica continuada, de las quejas repetitivas…y las volcamos en agradecer, en imaginar, en soñar con otras y otros, en buscar incipientes signos de vida; en crear.
Nos hace falta en nuestra vida religiosa buscar la hondura de las cosas y su sentido, no añorar lo ya vivido, ni repetir, ni pensar secretamente que se ha agotado la savia, sino examinar las profundidades…Si nuestras vidas no se encaminan hacia la Fuente , ¿cómo vamos a poder conducir a otros? Lo importante es mantener la sed y no conformarnos con cisternas agrietadas. Recuperar nuestro anhelo profundo, volver a contactar con ese lugar adentro donde somos introducidos “ a una vida de intimidad ”; allí donde brota una fecundidad desconocida, allí donde volvemos a sentir arder el corazón y lo más pequeño y pobre de nuestras vidas se convierte en motivo de celebración y de ofrenda.
Entonces sabremos que podemos mantener la esperanza, en medio de tanto sufrimiento y dolor: hay un lugar intocable dentro de la vida donde Dios nos aguarda, un lugar de alegría que nada puede robar. “ Crea en un amor que está guardado para usted como una herencia y confíe en que en ese amor hay una fuerza y una bendición de la que no tiene que salir para ir muy lejos ” (R.M. Rilke).
Sólo al amparo de ese amor podremos ofrecernos unos a otros
momentos de salvación : esas olas de ternura que nos levantan, esa capacidad de seguir confiando en cada ser humano, en su bondad herida y en sus infinitas posibilidades. Tal vez allí, a través de nosotros, y precisamente en nuestras mayores fragilidades, Alguien pueda silenciosamente
crear .