La ORACION contada a los jóvenes
La madre de
Sonia se fue de casa cuando ella nació, Ilenia no conoce a
su padre, y Fran lo vio sólo una vez. Ellos son algunos de
mis chavales del Instituto, un centro de atención preferente
en un entorno social con una gran inestabilidad familiar y deteriorado
por las drogas. Aunque están en cuarto de la ESO tienen ya
diecisiete y a punto de los dieciocho, son pocos en clase de religión
y puedo tener una relación más cercana con ellos. Un
día me preguntaron qué hacíamos en la casa, cómo
vivíamos en la comunidad. Entre otras cosas les conté
que por la noche nos juntábamos para rezar y que, a veces,
en esas noches me acordaba de ellos y los ponía con Jesús.
Eso les sorprendió y les gustó. Una chica me dijo: “y
¿cómo rezas por nosotros?”...“Os traigo
al corazón y le pido a Jesús que os cuide, que se os
ponga la vida bonita, que encontréis gente que os quiera y
a quien querer...” De pronto, Ilenia comentó que la única
oración que antes se sabía era el Padre Nuestro pero
que se le había olvidado ya, otro nombró a su abuela
y Sonia me dijo para mi sorpresa que porqué no rezábamos
allí. Les dije que sí, que el próximo día
lo haríamos al final de la clase.
Cuando llegó
el día me había llevado una música tranquila
y pensé hacerles una pequeña meditación, que
cerraran los ojos, respiraran...pero a pesar de varios intentos no
pudimos pasar de ahí porque a un par de chicos les daba la
risa. No quería desaprovechar la ocasión y se me ocurrió
que empezáramos a orar con el cuerpo. Nos pusimos de pie en
un círculo hicimos varios gestos de oración, nos pasamos
a través de nuestras manos un plato de luz y al final les dije
que nos íbamos a entregar esa luz de Dios unos a otros, a bendecirnos.
Las chicas entraron muy bien, a los chicos les daba más vergüenza.
El mayor regalo me lo hizo Sonia, cuando escuché que le decía
a una compañera: “déjame que te bendiga”...Ni
siquiera sé si ella sabe lo que eso significa.
Qué difícil
hablar de oración a los jóvenes, enseñarles a
orar, y más cuando a nosotros nos cuesta tanto en este tiempo
de altas velocidades. Voy a hacer el intento de traducirla para ellos,
no estoy segura de poder lograrlo por eso voy a pedirle ayuda a Sonia,
la muchacha que quería aprender a bendecir, ella será
mi interlocutora y mi guía.
1.- Cuestión de química
¿Has visto, Sonia, Física o química? Estoy segurísima
de que sí. Es esa serie que espanta a los padres y adultos
y os encanta a los jóvenes, donde se cuenta con cierta exageración
las relaciones en un instituto entre los chavales y los profesores,
la mayoría novatos, y donde hacen de todo lo imaginable. Por
supuesto que no vemos a nadie rezar, ¡vaya locura¡ Incluso
nos extrañaríamos si apareciera una escena así.
Y sin embargo, también la oración es cuestión
de “química” como el primer beso, sólo que
hay que probarla.
Si en una semana
en las series que sueles ver, en las películas, en los programas
de TV buscaras algo que hablara de oración, probablemente no
encontrarías, no aparece, al menos expresamente. Tampoco en
las canciones es común, ni en las novelas. Por eso se os queda
como algo que no fuera con este mundo ni con vosotros. Y sin embargo,
hay en ti, Sonia, y en cada uno, un anhelo grande, algo más
profundo y más hondo que lo que vemos. ¿Te acuerdas
de aquel joven rico que se acercó a Jesús? Es el único
personaje del Evangelio que después de encontrarse con él
se marcha entristecido, y eso que Jesús lo quiso mucho, pero
él no se atrevió, no se arriesgó a dejar sus
riquezas para hacer espacio a una riqueza mayor: la de Dios y los
otros en el centro de la vida. Jesús lo dejó partir,
con dolor y con pena, pero lo dejó partir; porque uno sólo
puede mostrarlo y esperar que el otro lo tome. Recuerda siempre que
todo lo que tiene que ver con Dios en tu vida será una invitación,
una atracción, una propuesta, pero nunca una imposición,
tampoco la oración, eso sería no haberla descubierto.
¿Te has
preguntado alguna vez a quién perteneces? Cuando descubrimos
la oración en nuestra vida es cuando empezamos a presentir
que importamos para alguien, que hay una Presencia mayor que está
en nosotros mucho antes de que empecemos a darnos cuenta, que nos
acompaña sin que lo sepamos, y que nos espera, allá
adentro en el fondo de nuestra alma y aquí afuera en los encuentros
y en las vivencias de cada día ¿Sabes que es lo que
más me cuesta? Saber que tenemos en nosotros, y sobre nosotros,
que nos envuelve por detrás y por delante, una fuerza de amor
poderosa y que apenas sabemos cómo conectar con ella. No conocemos
su nick para chatear, ni su móvil para mandarle un sms.
Como te decía,
también la oración es cuestión de química,
de verla en otros ojos, de saber que hay un “Tú”
que te espera y decirle “aquí estoy también yo”
y acercarnos poco a poco como cuando estrenamos un amigo y cuidamos
cada cita. Pero la mayoría de las cosas que vivimos nos ocultan
ese “Tú” o dicen apenas de él, aunque eso
es sólo en apariencia, ya lo irás descubriendo. Una
cosa que nos da la oración son “ojos”, de pronto
las cosas y tu propia vida se ven con otra luz, de otra manera. Es
tan hermoso poder llevar a otros allí, como una cita compartida
de messenger, solo que las cosas que se dicen son de corazón
a corazón y quedan grabadas en el disco duro de nuestra memoria.
Esos mensajes no se borran, ni ocupan espacio. Y no sólo ves
o oyes, sino que puedes tocar y ser tocada ¿Voy demasiado deprisa?
Es que deseo tanto que te den ganas de probarla...
2.- El gimnasio del corazón
¿Practicas
algún deporte? Ahora recuerdo que jugabas a voleibol. Ya sabes
cuánto hay que entrenar para jugar bien y lo importante que
es la disciplina de cada día. No correr un día dos horas
de pronto, sino cada día un poco para que el cuerpo tenga su
tono y no te tiren los músculos. Me impresiona la cantidad
de gente que va a los gimnasios, las actuales catedrales del cuerpo;
el ejercicio es bueno siempre que no se sobredimensione. Nada me impresiona
más, cuando vemos unos Juegos Olímpicos por la tele,
que pensar todo el sacrificio que han tenido que hacer los atletas,
las horas y horas que han dedicado. Su tiempo, su atención
y sus mejores energías giran en torno a esa práctica.
¿Te has fijado tú? Es increíble. Eso para triunfar
en un deporte que es sólo para unos años, imagina los
corredores de fondo... ¡Cuánto más nosotros para
atinar con la carrera de la vida tendríamos que entrenarnos
bien!
En general creo
que los jóvenes cuidáis bastante vuestra dimensión
corporal y necesitáis cultivar también las dimensiones
mentales y emocionales...pero hay una que está aún más
adentro, es la dimensión trascendente de nuestra vida ¿Te
suena esa palabra? Significa algo así como que no estamos cerrados
en nosotros mismos, que estamos abiertos a una Realidad mayor que
nos trasciende, que tenemos en el corazón un hueco que está
hecho a la medida de Dios. Pues fíjate que siendo ésta
una de las dimensiones más importantes de la vida es la que
menos nos enseñan a despertar y a cultivar. La dimensión
de profundidad es la más descuidada y, sin embargo, es aquella
que nos hace sentir plena la vida. ¿Por qué lo aprenderemos
tan tarde? Lo que sentiría mucho es que se te pasaran los años,
te liaras con otras cosas, y no te dieras cuenta. Intuyo un pozo tan
precioso dentro de ti, una fuente tan honda. ¡Y tú sin
saber que la tienes! Nos pasamos la vida buscando agua en pozos ajenos,
y apenas descubrimos nuestro manantial. La oración nos ayuda
a encontrarlo y a ensancharlo (también nos ayuda a sanar las
heridas pero eso lo dejaremos para otra ocasión). Cómo
nos cambiarían las cosas si cada día pasáramos
un ratito en el gimnasio del corazón con Aquel que amorosamente
nos espera. Cómo se nos moldearía la vida, que distintos
veríamos los rostros al recibirlos ahí. Para ello necesitamos
pararnos, entrar dentro, buscar en Otro nuestro centro, soltar tantos
ruidos que nos acompañan y, si queremos ahondar la relación,
tener un ritmo, cierta disciplina, practicar un poco cada día...como
el deportista para ejercitar sus músculos.
Y ahora que
todos buscan tener su coach, su entrenador personal, ¿Sabes
que allá adentro tenemos uno? Los cristianos le llamamos Espíritu.
Ruah. Aliento de Dios. Fuente de todo amor. Es nuestro maestro para
aprender a orar. Él nos va enseñando que decir y cómo
hacerlo, y con él nos vienen las lágrimas y la alegría.
Si lo frecuentamos podremos luego reconocerlo cuando se cuela en nuestra
vida cotidiana, si no lo conocemos está igual a nuestro lado,
y dentro de nosotros, y dentro de los otros, sólo que no lo
sabemos...y no contamos con él. Ojalá puedas sentirlo,
estoy segura de que sí, es más lo has experimentado
ya pero aún no sabes que es él, el día que lo
sepas y te queme su fuego ya no podrás olvidarlo. En algunos
gimnasios preparan una tabla personal, le dan a cada uno su manual
de ejercicios. Nuestro manual en ese gimnasio del corazón es
el Evangelio, nos busques otros si te quieres entrenar de verdad,
hay cosas preciosísimas sobre la oración y está
bien conocerlas y ayudarte con ellas, pero tú vuelve siempre
al Evangelio, mira a Jesús allí, contémplalo,
identifícate con sus personajes...hasta que llegue a ser Buena
Noticia también en ti para otros.
3.- Hacernos un cine
¿Te gusta
el cine? A mí muchísimo, meternos en las historias,
conocer otras visiones y otros mundos, emocionarnos...Pienso que Jesús
contaba parábolas porque aún no existía el cine.
También detrás de cada película hay horas y horas
de trabajo, algunas tardan años en rodarse, de cien tomas se
aprovechan diez. La luz es muy importante en las películas,
por eso para mi la oración tiene que ver con el cine, porque
también es cuestión de luz. Pones lo vivido bajo otros
ojos, lo miras desde otro ángulo, no lo contemplas sola. Es
como si pudiéramos bañar la realidad en esa luz que
descubre lo verdadero, lo que cuenta, lo que merece la pena. Y cuánto
cambian las imágenes cuando las recibimos ahí, entonces
se ven las cosas en versión original, y ¿sabes qué
es lo más emocionante? que apenas sabemos nada de nuestra propia
película y de nuestro papel en ella, que al principio somos
meros espectadores, y que en la medida en que nos vamos adentrando
en la oración vamos siendo protagonistas, señores de
nuestra vida, dejando que el guión nos lo vaya haciendo Otro,
el que sabe, el que conoce el entramado de la historia y la belleza
escondida de cada plano. Cómo disfrutan los actores cuando
los dirigen buenos directores, se dejan llevar, se abandonan. Nosotros
contamos con el mejor, pues sólo en Él podemos conocernos
y ser lo que somos, y desplegar el amor. Encontrarnos con Jesús
y vivir con él nos pone la vida bonita, y es en la oración
donde lo vamos descubriendo, donde nos dejamos mirar y querer.
¿Recuerdas
su mirada a la mujer adúltera, a la que lo acarició
y lo ungió con el perfume, a Pedro...? Esos son los ojos que
buscan los tuyos. Por favor, no te los pierdas. El día que
los sientas no podrás olvidarlos. En cada oración nos
volvemos hacia esos ojos, que nos bendicen, que nos embellecen, que
nos llevan. No te encontrarás en otro lugar como en ellos.
No te verás en otro lugar como te ves allí. Sólo
ellos muestran nuestra verdad desnuda; y llegarás a amar tu
pobreza como nunca podrías haber imaginado. Mira desde Él
a los demás, mira con Él lo que vives, lo que bloquea
tu corazón; lo que te da vida y lo que te hace sufrir, tus
miedos y tus sueños, las personas que forman parte de ti…Mira
también el dolor de los otros, sus anhelos, su bondad. No dejes
nada fuera de esos Ojos que ruedan para ti. Si te dicen que no existen
es porque no los han descubierto cuando tú los veas lo sabrás
y sólo en la oración se muestran. Se van tatuando poco
a poco en lo más hondo de ti.
Otro tema importante
en el cine son las imágenes y también en la oración.
Según sea Dios para ti, según cómo lo veas así
orarás. A veces se nos introyectan imágenes falsas de
Dios, fetiches que tienen más que ver con nosotros que con
Él, con nuestras compulsiones y miedos. Necesitamos frecuentar
el Evangelio en la oración para que esas imágenes se
nos vayan cayendo y poco a poco se muestre ante nosotros, y dentro
de nosotros, el Rostro de Dios que Jesús reveló. Siempre
nuevo. Cuando ya creemos conocerlo o saber de él, nos lleva
más adentro y más lejos. Un Dios que no se deja contener.
Lo que más lo identifica es su amor incondicional, y el gusto
tremendo que provoca en nosotros por la vida y por su diversidad,
el cariño por todos y por todo.
Vivimos tan
rápido que apenas nos damos el tiempo para asimilar las experiencias
que tenemos. La oración nos hace disfrutar de las mejores escenas
del día, y nos hace desear reparar las que nos han gustado
menos. Párate un rato cuando sea mejor para ti, por la mañana,
a la tarde o la noche y recorre el día y los rostros, lo vivido,
lo expresado, lo callado, lo recibido. Igual que tras una buena película
te quedas pegada al asiento del cine y necesitas un tiempo antes de
salir a la calle, así nos pasa en la oración, no podemos
terminarla de repente. Tiene su momento de despedida, de poso, de
reverencia.
4.- Nuestro blog interior
¿Sabes
que sin darnos cuenta nos vamos haciendo cada vez más individualistas
en esta sociedad nuestra del bienestar? No sé si tu eres de
los jóvenes con tele propia en el cuarto y conexión
a internet y que pasan todo el día relacionándose virtualmente.
La otra tarde fui a un ciber, al lado mío un chico marroquí
hablaba por chat mientras veía la imagen de la chica que tenía
al otro lado. Por supuesto que no entendía lo le que decía,
pero sí podía ver sus ojos y su sonrisa, creo que ese
mismo chico delante de esa joven, en vivo, no le diría ni la
mitad de las cosas que le comunica por el chat. Me hace pensar en
la necesidad honda que tenemos de vivir conectados con los otros,
de entrar en relación...y al mismo tiempo en nuestras dificultades
para ello. La oración es también un modo vital de relacionarnos
que necesitamos aprender.
Cada vez hay
más páginas web sobre temas de oración y seguro
que hay algunas muy buenas que te podrán ayudar en distintos
momentos. Pero te confieso un secreto, para conectarnos por dentro
es mejor apagar el ordenador, si no serán más imágenes,
más palabras, pero no nos calarán, se quedaran en la
epidermis de la información recibida durante el día.
Porque la oración no consiste en saber ni en decir cosas, sino
en sentir y gustar internamente, que decía Ignacio de Loyola,
un buen compañero de camino para descubrir a Dios en la vida.
Un Dios que conoce tu nombre y que necesita de ti para hacer este
mundo más humano. Sí, aunque te parezca increíble.
Estamos amenazados
de individualismo y la oración cristiana es un gran correctivo,
es una invitación a sabernos con otros, a vivir en comunidad.
En ella decimos que nuestro origen es común y pedimos juntos
el perdón y el acontecer del Reino. Nada tiene que ver con
una oración solitaria. Es en una soledad acompañada,
llena de rostros, sonora la llamaba el maestro Juan de la Cruz, otro
gran buscador de Dios en la noche. A vosotros que tanto os atrae la
noche, en ella os encontráis y os queréis, a veces pasáis
peligros y malos ratos, en la noche están vuestros amigos y
vuestro mundo...Ojalá que podáis descubrirla también
como un tiempo de salvación. ¿Sabías que Jesús
se retiraba de noche a orar? Eso tiene en común con vosotros,
entre otras cosas, que le gustaba la noche para entrar en relación.
¿Tienes
un blog? Seguro que conoces algunos, los hay de una sola persona y
los hay compartidos, el blog de la oración cristiana es con
otros, junto a otros, para otros. En los blogs se narran experiencias,
modos de ver, anécdotas, cosas que uno quiere compartir, conversaciones,
es como un diario colgado en la red. Normalmente tenemos un blog exterior
que es el que mostramos pero tenemos también un blog interior
que nos es más desconocido aún para nosotros mismos.
Hemos inflado
la exterioridad, la imagen exterior, ¡cuánto nos juega
a todos! y cómo la explotan los medios de comunicación.
Pero de lo interior apenas vislumbramos, pues es aquello que no vemos
directamente. Podemos conocer y hasta deslumbrarnos por el exterior
de una persona, por su belleza, su inteligencia, su simpatía
pero para conocerla de verdad necesitamos considerar su interior,
su modo de ser, su corazón y su visión del mundo. Somos
un iceberg para nosotros mismos, y así vemos también
a los otros, nuestra mejor parte permanece oculta, y la oración
nos ayuda a descubrirla, nos da ojos interiores para mirar lo profundo
en las personas, la dimensión más verdadera de nuestras
vidas. Si algún día tienes tu pareja, prueba a orar
por ella, a llevarla junto a Dios y también a rezar juntos,
a tener un blog interior. Prueba también con los amigos, y
con las personas que más te cuesta relacionarte. Te sorprenderás.
5.- La oración se ve en las manos
A veces, según
en que ambientes nos da cierto pudor decir que rezamos. Quiero contarte
una anécdota que me pasó con mi madre. He estado un
tiempo largo en casa con ella y le dije que por las tardes mientras
ella echaba la siesta yo me iba a ir a la habitación a rezar
un rato (no creas que me costó también decírselo).
Una de esas tardes vino una tía a verla, preguntó por
mí y ella le dijo: “Está por ahí dentro
en la habitación haciendo gimnasia para su espalda”...Me
dio la risa escucharle eso, pero entendí que le daba vergüenza
decirle a mi tía que estaba rezando y es que no tenemos costumbre
de expresarlo, de integrarlo en la vida de cada día como algo
normal.
Quiero hablarte
ahora de hombres y mujeres que supieron decirnos de su experiencia
de oración para que puedas ver lo que significaba para ellos.
La más conocida es nuestra Teresa de Jesús, ella decía:
“la oración es tratar de amistad con quien sabemos nos
ama”. Porque oró mucho, pudo arriesgar y amar mucho.
Ya irás viendo lo que la oración tiene que ver con el
amor y con la libertad. Muchísimo más de lo que puedas
imaginar. Etty Hillesum, una joven judía de veintitantos, dio
un giro tremendo a su existencia el día que aprendió
a arrodillarse y orar se convirtió para ella en el refugio
y la paz de su vida en medio de un sufrimiento atroz durante la persecución
nazi. Mahatma Gandhi decía algo así: “puedo pasar
un día sin comer, pero no puedo pasar un día sin orar”.
Las personas que se han comprometido por los demás, que han
trabajado por la justicia, que han sido capaces de dar su vida por
otros, han sido también personas de oración, de una
relación viva con Aquel que presentían en todas las
cosas. Sacaban su coraje, su humildad y su transparencia en esos tiempos
prolongados en su Presencia.
Hay mucha gente que busca y ora a su modo aunque no lo diga. Me dio
gusto encontrar esto en la última novela de Isabel Allende,
La suma de los días, ella decía: “Lo que pretendo
en mi tambaleante práctica espiritual es deshacerme de los
sentimientos negativos que me impiden caminar con soltura...No me
hago ilusiones, nunca alcanzaré el desprendimiento absoluto,
la auténtica compasión o el estado de los iluminados,
parece que no tengo huesos de santa pero puedo aspirar a las migas:
menos ataduras, algo de cariño hacia los demás, la alegría
de una conciencia limpia” (p. 119)
La oración
nos hace amigos de Dios, de los otros, y en última instancia
de nosotros mismos. Nos va dando un tono amistoso con la vida, con
los acontecimientos. Vamos perdiendo temores y nos toma una confianza
casi de niño que nos hace presentir que, pase lo que pase “todo
acabará bien”.
Otra cosa importante
es que la oración no podemos medirla, no podemos llevar cuenta
de ella. En el deporte, en la interpretación musical, en otras
artes, puedes medir los logros, en el arte de orar siempre sientes
que no sabes, incluso con el tiempo en vez de avanzar tienes la sensación
de que vas para atrás. Una no puede medirla, son los demás
los que la ven. Dicen que irradia a través de los ojos y de
las manos.
La oración
transforma la vida, no nos hace sentirnos mejores que otros, al contrario,
nos hace capaces de vernos iguales: igual de necesitados e igual de
provistos para amar. Desbloquea lo que nos separa de los demás
y libera un amor que nos conecta con cada criatura del universo. La
oración nos da manos buenas para los otros, nos hace seres
compasivos y nos llena de gratitud. ¿Sabes en que se le notaba
a Jesús que oraba? En qué pasó haciendo el bien
y en que amaba a los que nadie quería; y seguro que era mucho,
pero mucho más alegre de lo que nos lo pintan.
6.-
El pájaro del alma
No sé
si te habrá movido algo todo este rollo y si te animarás
a descubrir la oración, al menos tómalo como lo mejor
que tengo para darte. Disculpa si algunas palabras no acabas de entenderlas.
Hay cosas que pueden decirse y otras que necesitamos descubrir por
nosotros mismos y tú tienes toda la vida por delante. Aprovéchala
y, pase lo que pase, siente que no estás sola, que Alguien
vela con inmenso amor por ti.
Hay un poema
delicioso de Mijal Snunit, una escritora hebrea de cuentos para niños
y jóvenes, que me encantaría ponerte entero pero es
muy largo, te regalo un trozo como despedida. Cuando acabes de leerlo
no digas nada, respira y permanece ahí, por si el pájaro
del alma te estuviera silenciosamente buscando.
(...) Dentro
del alma,
en su centro,
está, de pie sobre una sola pata,
un pájaro: el Pájaro del Alma.
Él siente todo lo que nosotros sentimos.
Cuando alguien
nos hiere,
el Pájaro del Alma vaga por nuestro cuerpo,
por aquí, por allá, en cualquier dirección,
aquejado de fuertes dolores.
Cuando alguien
nos quiere,
el Pájaro del Alma salta,
dando pequeños y alegres brincos,
yendo y viniendo,
adelante y atrás.
Cuando alguien
nos llama por nuestro nombre,
el Pájaro del Alma presta atención a la voz
para averiguar qué clase de llamada es ésa.
Y cuando alguien
nos abraza,
el Pájaro del Alma,
que habita hondo, muy hondo dentro del cuerpo,
crece, crece,
hasta que llena casi todo nuestro interior.
A tal punto le hace bien el abrazo.
(...)
Pero sucede que
el Pájaro del Alma nos llama,
y nosotros no lo oímos.
¡Qué lástima!
Él quiere hablarnos de nosotros mismos,
quiere platicarnos de los sentimientos que encierra en sus cajones.
Hay quien lo
escucha a menudo.
Hay quien rara vez lo escucha.
Y quien lo escucha sólo una vez.
Por eso es conveniente
ya tarde, en la noche,
cuando todo está en silencio,
escuchar al Pájaro del Alma
que habita en nuestro interior,
hondo, muy hondo, dentro del cuerpo.
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