Parábola del buen samaritano 
(Lc 10, 25-37)

 

Se levantó un economista "de ley" y para ponerlo a prueba le dijo:

-Maestro, ¿qué deben hacer los países del tercer mundo para pagar su  deuda externa eterna?

Jesús le dijo:

-¿Qué piensa la mayoría?"

Contestó:

-La gente, con su mentalidad neoliberal, insiste en que paguen hasta  el último centavo, que devuelvan lo que deben, que no sean flojos y  que trabajen más, que no se les tiene que condonar, pues la plata  que deben es demasiada.

Jesús calló, durante unos segundos guardó silencio (ya conocemos los silencios de este Jesús) y comenzó a decir:

-Había una vez un país del sur que vivía con sus alegrías y sus  penas, como las tiene cualquier país. Cayó en manos de economistas, banqueros, empresarios (en definitiva bandidos) que lo despojaron de  todo, lo endeudaron, y después de haberlo molido a golpes con intereses bancarios, se fueron, dejándolo medio muerto.

Por casualidad bajaba por el camino una Iglesia que de forma paternalista oraba por él y daba algunos panes dulces por la navidad con proyectos asistenciales. A pesar de las ayudas, no consiguió solucionarle el problema.

Lo mismo hizo un país del norte, que sabía mucho de planes, estudios y programas de economía, pero que no daba soluciones, y además insistía diciéndole: "Oye, ¡a ver cuándo pagas tu deuda!". No sintió  ningún tipo de compasión y se alejó.

Pero llegó cerca de él un buen país. No era un país rico, ni hablaban mucho de él los periódicos. Era uno de esos tantos países sureños, sin fuerzas, sin nada; pero como dicen que "la unión hace la fuerza", se unió con otras naciones, pobres también, y viendo al país deudor, se compadecieron. Curaron las heridas con soluciones, que en un principio parecían utópicas, pero que a final daban salidas concretas y reales.

Emplearon para sanarlas aceite y vino: aceite que da fuerza (fuerza para levantarse) y vino que da alegría y júbilo (como aquella  alegría que sentía un pueblo ante la llegada del jubileo). Y las heridas se las vendaron (aquí no del verbo vender, sino vendar).

Después lo amaron como a ellos mismos, lo subieron al mismo carro y lo llevaron por el mismo camino por donde ellos caminaban. Lo que  gastaron en su curación lo pagaron entre todos al contado, y como  iba a gastar más, siguieron ayudándolo hasta que se recuperó y se sintió con fuerzas; esta vez sin cobrar intereses interesados (así no comenzaría la historia de nuevo...).

Jesús, entonces preguntó al economista "de ley":

-Según tu parecer, ¿cuál de estos tres se portó como prójimo del país deudor?

Él contestó:

-Los que se mostraron compasivos con él.

Jesús le dijo:

-Vete y haz tú lo mismo. 

 

    ( Fernando Soriano Arias Misión claretiana de Norte de Potosí Casilla 2002, La Paz, Bolivia )

                                                                          

De Pastoral salesianos