DIVERSIDAD DE DONES PERO UN SOLO ESPÍRITU

 

 En cierta ocasión, los colores comenzaron a pelearse. Cada uno quería ser el más importante.

El verde alegaba que era el color de la vida y la esperanza, y el más repartido en la naturaleza.

El azul reivindicaba ser el color del agua y del cielo, del mar y de la paz.

El amarillo decía ser el color de la alegría, del sol y de la vitalidad.

El naranja pretendía ser el color de la salud, de la vitamina y de la fuerza.

El rojo subrayaba su fuerza y su valor, su pasión y su fuego.

El púrpura subrayó que era el color de la nobleza y del poder.

El añil hacía notar que era el color del silencio, de la reflexión, de la oración y del pensamiento profundo.

La lluvia observó la disputa e intervino con su fuerza. Los colores se acurrucaron entre sí y se fundieron en uno.

Cuando cesó la lluvia, se desplegaron en forma de arco iris y todos y cada uno de ellos lució su belleza y se dieron cuenta de la belleza del conjunto.

Historia hindú, En R. Berzosa - Parábolas para un nueva evangelización,