Moroto, Abril 13 de 2010

Itae Ma. Eugenia , rscj

 

 

MI EXPERIENCIA SOBRE EL DIALOGO EN KARAMOJA

Cuando se llega a una tierra nueva, no sabes bien si con quien tienes que dialogar es, con la cultura, porque todo es diferente y necesitas escuchar, aprender, entender, etc. o contigo misma, porque al final el entorno es normal para todo el mundo y eres tú la que te experimentas extraña.

Al principio resulta más fácil, estás llena de respeto y reverencia por el otro, pero una vez empiezas a formar parte de ellos, aunque sin ser de ellos, hay que encontrar el ritmo, el momento y la forma adecuada para expresarte y para escuchar y entender lo que el otro te quiere decir.

Una vez pasada la novedad de la llegada, cuando ya quise simplemente estar y ser con los demás, resultó que mi propio ser no me respondía como esperaba y me costó lo mío empezar a entender que me pasaba… y es que claro, también yo necesitaba escuchar y dialogar con mi propio ser, entender que las circunstancias todas habían cambiado y que necesitaba más tiempo, más paciencia conmigo misma, que no podía forzar, que tenía que aprender a ser de nuevo yo misma en un ambiente diferente, atender las necesidades y buscar los medios que me ayudasen y me dieran vida.

¿Por qué le doy tanta importancia al diálogo conmigo misma? Parece que centre la atención en ello como lo esencial… pues no. Soy consciente que justo para el diálogo tienes que salir de ti para ir al encuentro del otro. Lo que quiero resaltar es, lo importante que ha sido para mí el ser consciente de mi propio ser, de dónde estoy y cómo me sitúo, como previo para salir al encuentro del otro. Ahora que ya ha pasado tiempo y me experimento más en paz conmigo misma, puedo decir que es ahora cuando ya estoy más en condiciones de entrar en diálogo con la cultura, con la gente, con tantas cosas. Y es que cuando una no está en paz consigo misma, el entorno y los otros se convierten en amenaza y por lo tanto se dispara una actitud defensiva y a la vez agresiva que no favorece en nada el diálogo ni el encuentro con el otro, sino que, bien al contrario, lo que provoca es violencia, incomprensión, incomunicación, aislamiento y distancia.

Con respecto a la comunidad no me sale nada más que agradecimiento porque a través de nuestro diálogo y encuentro entre nosotras siento que le facilitamos el camino a Dios para revelarse en el día a día en medio y a través nuestro.

Con relación a nuestras hermanas africanas, siento que voy despacio, con respeto y al principio con miedo al desencuentro, pero se nos regala el arriesgar y recibir el ciento por uno en ese mutuo descubrir y manifestar su amor en la sencillez y verdad de cada una.

Otro aspecto que quiero compartir en esta experiencia de diálogo en Karamoja es sobre la importancia de la palabra. Alguna vez os he contado la experiencia de no hablar la lengua mayoritaria de la gente, eso me ha hecho más atenta y sensible a pequeños gestos, miradas, actitudes. En momentos de impotencia y de no entender la cultura, he agradecido no poder expresarme aunque lo mío me ha costado, pues me doy cuenta de que la palabra es herramienta para comunicarme y comulgar con el otro pero también para dominar, controlar, herir, pisar, reclamar…y eso me ha posibilitado cuidar ese margen de silencio, de escucha y de respeto que necesita el otro. Con todo, echo de menos poder manejar mejor la lengua, aprender el karamojon, para poder escuchar y leer entre líneas lo que dicen y poderme expresar también.

El diálogo con otras organizaciones (ONGs, Gobierno local, Diócesis, etc.) en la búsqueda de la justicia y del Reino, me es una escuela. Es evidente que entra en juego la escala de valores de cada “empresa”, (cosmovisiones, prioridades, competencias, etc.) y ante ello lo que me ayuda es ir a lo esencial, a lo que verdaderamente está en juego: la persona. M e ayuda el contemplar a Jesús en medio del trigo y la cizaña optando por la vida; eso me ayuda a relativizar las formas y los medios…, me ayuda a no juzgar, me capacita para hablar con serenidad delante de situaciones ambiguas y diría que corruptas, en las que se utiliza el “mercado de los pobres” para favorecer a unos pocos, me posibilita denunciar con libertad pero desde la paz y la serenidad de quien no busca su propia defensa sino los intereses de los que no tienen voz. Me posibilita seguir caminando y buscando con otros.

Lo último que quisiera compartir es la experiencia de diálogo a través del silencio, del cruce de miradas con los que sufren, con los enfermos que esperan sin más cualquier gesto de cercanía y, en especial, la mirada silenciosa y temerosa de los niños, acostumbrados a callar y a dar la razón, a no pedir ni reclamar…y a la vez ese silencio rebelde que reclama su respeto y dignidad. Ese diálogo que se da en el silencio de la soledad y el sufrimiento es bien elocuente y significativo, apenas lo sé expresar, pero lo vivo como un lenguaje que va directo al corazón y es significativo. Me habla de verdad y humildad. Me ponen en contacto con Dios y con lo que hay más de Dios en cada persona y en cada situación.

Y termino diciendo que lo que posibilita verdaderamente el diálogo es la confianza y la convicción honda de que Dios está en todo y en todos, que El nos habita y nos espera en cada situación para comunicarnos su Amor.

 

Con cariño.