
Antofagasta - Chile
Mª Carmen Soler, rscj
CONOCER OTRAS TIERRAS
Tengo la suerte durante unos meses de conocer otras tierras, otras culturas, otras gentes. Estoy, como dicen aquí, en un Chile “terremoteado”. El terremoto del 27 de febrero ha cambiado la imagen de un Chile próspero y moderno, que se preparaba para celebrar el bicentenario de su independencia con gran ilusión y celebraciones.
Son muchas las ciudades y los pueblos que han quedado destruidos: sin hospitales, sin colegios, sin iglesias… y sin casas. Y lo más triste son muchas las familias que han perdido seres muy queridos. Además ahora viven una situación muy caótica: están sin agua, sin luz, sin carreteras… viven alojados en casas de familiares, en carpas o en mediaguas (pequeñas casas de madera).
Lo que más me sorprende en esta situación es el ánimo de la gente. Al llegar a Antofagasta, ciudad del Norte, en el desierto de Atacama no afectada por el terremoto, lo primero que me impactó fue la frase “Fuerza Chile” y las banderas chilenas ondeando en todas las casas, igual que en Santiago. Y sentí que era cierto que Chile ayuda a Chile. En Semana Santa desde la Universidad de Antofagasta mandaron varios autobuses con estudiantes para construir mediaguas.
Este primer mes he podido conocer la realidad del Norte de Chile: desierto, mar, cordillera configuran este entorno. Me impresionó el vacío del desierto de Atacama y la sensación de soledad y aislamiento que produce, sólo suavizada por la presencia del Océano Pacífico, que baña la tierra por el Oeste. Ahora aprecio la belleza del desierto.

La gente aquí es muy acogedora. Con Ofelia Avello y Anita Ramos he vivido en comunidad saboreando la fraternidad en lo cotidiano y compartiendo la oración que nos impulsa a la misión. La parroquia y los distintos grupos forman parte de nuestra vida, sobre todo por las tardes. Agradezco también que el Padre Hurtado creara los Hogares de Cristo para recoger a los niños abandonados, poder cuidar a algunos ha sido para mí un regalo que guardaré siempre en el corazón. También ayudar a mujeres bolivianas y peruanas que llegan aquí buscando un futuro mejor. Un fin de semana acompañé ejercicios a universitarios y otro fui con ellos a misionar a un pueblo en medio del desierto. En todo lo que vivo, siento que el Dios de la Vida nos acompaña.
En este tiempo me ayuda vivir lo cotidiano con mucho sentido. Desde aquí rezo y sigo atenta las noticias que me llegan. Me ayuda sentir que tod@s estamos en Sus manos. Cuando acuno a los niños para dormirlos, pienso que eso mismo está haciendo Dios con algunas de nosotras y le pido que todas sintamos su ternura y protección y sepamos comunicarla a nuestro alrededor.
A finales de abril me incorporaré a la Comunidad de Michaihue en Concepción, me da pena dejar el Norte, pero sé que allí ahora hay más necesidad y deseo colaborar. Pido que el Señor me conceda la gracia de descubrir y comunicar su amor allí también.
CARTAS ANTERIORES
Antofagasta - Chile, 16 de mayo de 2010
“No te servirá de nada enfocar todos tus deseos hacia el futuro, cuando lo que importa es acumular la totalidad de tu fuerza en el presente” Magdalena Sofía Barat
Muy queridas hermanas:
Esta frase de Sofía resume mi experiencia de este tiempo en Chile. Yo venía para estar en el Colegio de Concepción, pero antes he podido vivir dos meses en el Norte del país, en Antofagasta, una comunidad de inserción donde he disfrutado de la vida comunitaria y de vivir el presente con las religiosas y con la comunidad parroquial.
Al principio me sentía de paso porque yo iba a Concepción, pero pronto (“al tiro”) me sentí tan acogida y tan bien, que parecía que llevaba mucho tiempo aquí (“harto tiempo acá”).
Nuestra casa y nuestro tiempo es de todos, a cualquier hora pueden llegar: a rezar, a charlar, a almorzar, a tomar tecito… es bonito sentir que para lo que necesiten pueden acudir a las hermanas.
Yo he hecho de todo: cuidar bebés, tramitar papeles para emigrantes, acompañar EE a jóvenes, dar un responso a un difunto, celebrar la liturgia del domingo sin sacerdote, misionar por las casas, dar formación bíblica a un grupo, las tareas cotidianas de la casa (cocinar y limpiar), ir a encuentros y retiros diocesanos para sacerdotes y religiosas, participar de un taller de educación popular de la provincia, viajar con unos amigos a San Pedro de Atacama y disfrutar del paisaje lunar del desierto y de los geysers.
La Parroquia es muy dinámica y tiene muchos grupos, en sus reuniones a menudo toman tecito y cada uno trae algo para compartir, viven el presente y dan lo que tienen confiados en que Dios proveerá. Celebran todo y disfrutan con todo.
En la provincia de Chile son unas sesenta religiosas repartidas en diez comunidades, divididas en tres áreas de misión: colegios, inserciones y casas de mayores. Me sorprende que todas están dispuestas a cambiar de área según las necesidades de la provincia.
Cuando pueda ya os contaré cómo encuentro el Sur “terremoteado”.
Muy feliz día de Magdalena Sofía. Os recuerda y os quiere,
MªCarmen Soler, rscj