Fátima, de Marruecos, tiene 28 años y unos ojos grandes y abiertos. Un día unió su vida a un individuo al que tiene que abandonar después de pasar por mucho… - Eso no lo sabe nadie - me dice mirando al cielo.
Que una mujer se divorcie no está bien visto en su cultura, muchos ojos se posan en ella... siente que le gritan ¡culpable, culpable!... empezando por los suyos…
Pero Fátima es una mujer fuerte (como la del Evangelio). Es aventurera, no se conforma sin más, no se resigna a su condición de mujer juzgada, sin derechos, sin horizonte… y decide buscar una solución para darle una educación a su hija. Es lo único que le ha dejado su ex-marido y sin embargo ¡lo es todo para ella!
- ¿Cómo?
- Necesita salir de su país (piensa y lo repiensa…) y buscar oportunidades en Europa, aunque para ello tenga que decir “adiós” a lo que más quiere en este mundo.
- ¿Destino?
- España, donde hay algún pariente y poco más… pero ¡algo es algo!, se dice ella en sus adentros.
Llegó a España hace un año y medio. Su aspecto ha cambiado. Me enseña sus fotos cuando vivía en Marruecos con su velo (hiyab), unos kilos más y de apariencia mucho mayor que ahora. Su aspecto ha cambiado.
- ¡Pareces ahora más joven que en la foto! - No puedo evitar decírselo y se ríe… Fátima siempre se ríe… la veo reír incluso en estos momentos difíciles para ella. Es su manera de drenar, es su deseo de mirar la vida en positivo, es su forma de transformar el llanto en alegría, es… Aprendo mucho de ella… de su sonreír a la vida sin más motivo que porque sí , aunque aparentemente haya pocas razones para ello.
Cuando llega a España, a una provincia de España, a una casa de España… un pariente le da cobijo de momento, hasta que salga algo. La convivencia no es fácil, ella aguanta, aguanta porque tiene un sueño y alcanzar el sueño tiene su precio. Ella lo sabe. Hace 6 meses encontró trabajo de interna ¡por fin! en una casa para cuidar a un matrimonio mayor. Todo iba bien hasta que empezó a sufrir acoso continuo del señor de la casa… “Si haces lo que yo te diga… te pagaré más” “Una mujer sola como tú y sin tener a dónde ir… si tienes relaciones conmigo te doy la luna…” Y todo esto con la esposa presente, que no se entera de nada, lleva años desconectada de este mundo, el Alzheimer es así… Y Fátima aguanta y aguanta, sola y en silencio. En su cultura, no puede contar ese problema porque le supondría más culpabilización y de eso… - ¡ Ya he tenido bastante ! -
Hoy se ha puesto a llorar y me lo ha contado todo… y sin embargo, llora y ríe. Está nerviosa. Es la primera vez que le cuenta esto a alguien y yo… con mezcla de rabia, tristeza, ternura y compasión, siento que piso terreno sagrado y me dispongo a escuchar y escuchar… Terminamos la conversación y las dos nos abrazamos. Me despido de ella, tiene que irse a trabajar, tiene que volver a ese lugar… Se seca las lágrimas con esa sonrisa suya mansa y suave y la veo torcer la esquina apresurada para coger el autobús.
He necesitado tiempo para asimilar su testimonio… Ya estoy más tranquila y después del cúmulo de emociones que me ha generado la conversación, me quedo en silencio, estoy deseando llegar. Entro en la capillita de casa y entre el Sagrario y yo: ¡Fátima!
- Aquí vengo Señor a ponerla en tu corazón - Es mi oración de hoy.
¿Y después?... Hay que buscar una alternativa. Quedamos en vernos otro día y mientras, me dispongo a dar pasos, a contactar con “otros/as”, profesionales, amigas, etc…
Y así vamos, encontrándonos y siento impotencia porque la crisis… “no hay nada ahora”; “no tienes papeles, es difícil”… Un mensaje tras otro que no dejamos de escuchar. Pero al menos no está sola, las penas a medias son menos penas… Y está agradecida, sí, es una mujer muy agradecida. Hoy me ha llamado por teléfono para desahogarse. Lleva todo el día nerviosa, aguantando y está agotada por la tensión. No tiene a nadie a quien contárselo y me pide perdón por molestarme. Son las 11 de la noche… Empezamos con llanto, detalle a detalle va desgranando sus sentimientos y vivencias. Y después del llanto… ¡Otra vez esa risa de Fátima que consigue dar la vuelta al drama!
– Me acabará subiendo el azúcar - me dice.
Se hace silencio por unos instantes hasta que ambas, casi al unísono, rompemos con una explosión de risas. Varios minutos riéndonos, nada más… “Felices los pobres, los que lloran…” Y me voy a la cama con las bienaventuranzas de fondo: - ¡Esa promesa de felicidad es tuya, Fátima! -
Hoy he decidido ampliar mi búsqueda y lanzar mi súplica al viento y ese viento ha vuelto a nosotras como brisa fresca: ¡Hay una oferta de trabajo para cuidar a una mujer! Fátima tiene el corazón contento y yo me alegro con ella, el horizonte se abre y ya tiene concertada entrevista para el sábado. El agradecimiento le brota una y otra vez durante ese camino compartido de los jueves por la tarde. Me dice con ese español a medias:
- Hablo conmigo misma, me digo: Fátima, mira lo positivo, no mires lo malo, mira lo bueno que tiene tu vida –
Y sus palabras me remiten al Jesús del Evangelio, que sabe ver las posibilidades que encierra toda vida y toda situación por dura y fea que sea… Y doy gracias a Fátima por dentro porque su testimonio me sacude, me hace salir de mi estrechez de miras, me sana… Su esperanza me contagia… su modo de estar en la vida me evangeliza.
Ahora empieza una nueva etapa en su vida, “olvidando lo que he dejado atrás, me lanzo a lo que está por delante” parece decirme… Tengo suerte de acompañar a Fátima, me siento afortunada por estar cerca de ella, de tenerla por compañera de camino.
- La que tiene que estar agradecida soy yo - le digo una y otra vez. Reconozco que ella está siendo “Buena Noticia” en mi vida y la relación con ella “de corazón a corazón”, me hace crecer por dentro y me confirma en el camino.
Ahora toca esperar, ella sabe bien lo que es eso. La vida le ha ido forjando la paciencia. Aún no tiene respuesta de la señora que le ha ofrecido el empleo. En los tiempos que corren, la competencia es fuerte pero ella confía… y a mi me toca confiar con ella y acompañar su paciente espera… ¡Sukran Fátima! ¡Gracias!
Inma García-Campero, rscj