Muy queridas hermanas:
Al poco de llegar escribí a Blanca, así que ya sabréis que llegué el 11 de marzo en el momento de un nuevo temblor y del cambio de gobierno. Pasé un poco de miedo porque no estoy acostumbrada a que el suelo y el techo se muevan. Los otros pasajeros me enseñaban a cómo protegerme, no hay que ponerse nunca debajo de cosas que pueden caer (letreros, lámparas, todo lo que cuelga o está en el aire…). La sensación que produce un terremoto es muy parecida a la de ir en barco, sientes un pequeño mareo y ves todo moverse. A pesar del susto, estuve tranquila, quizá porque no era tan consciente como los que ya han vivido otros.
Todavía hay pequeños temblores porque la tierra se está reubicando tras el temblor del día 27, éste fue tan fuerte que incluso tardó mucho más en hacerse de día, tuvieron un gran apagón y estuvieron mucho tiempo con velas, linternas o simplemente a oscuras. Ahora cuando hay apagones la gente tiene miedo porque les recuerda aquel día.
La red eléctrica ha quedado muy dañada, algunas regiones estuvieron varios días sin luz. Santiago fue de los primeros lugares que recuperó la luz, aunque todavía hay pequeños cortes, porque el tendido eléctrico ha quedado dañado. El domingo por la noche hubo un apagón general en todo el país, aquí en Santiago duró poco, pero seguramente van a racionar la luz para que haya suficiente para todo el país.
Las comunicaciones también han quedado dañadas, no siempre que quieres puedes conectarte a internet, hay veces que no funciona, lo mismo ocurre con los teléfonos fijos y móviles. Lo que mejor funciona son los mensajes de móvil a móvil porque no saturan las líneas. La población sufrió mucho de no poder comunicarse con sus familiares y amigos, deseaban saber si estaban bien y sólo lo pudieron hacer a través de mensajes de texto hasta que las baterías de los móviles se agotaron. Esto los más afortunados porque los que no tenían móviles tuvieron que esperar varios días a que las líneas se restablecieran a ratos y así poder comunicarse con los suyos.
Cuando escucho a nuestras hermanas relatar su propia experiencia del terremoto o la de personas conocidas me admira la gran fe que el pueblo chileno tiene en Dios. Sienten que Dios les cuida y protege, nadie se queja ni reprocha nada a Dios, sino todo lo contrario, expresado en frases como estas: “Diosito sabrá por qué” “Diosito nos ayudará”. Muchas iglesias han quedado destruidas pero eso no impide que sigan celebrando la Eucaristía al aire libre, en las plazas… conscientes de que ellos juntos forman la Iglesia, no los edificios o las paredes. Todo un símbolo.
El miércoles 18 llegaré a Antofagasta, salgo mañana, el viaje dura 20 horas. Allí viviré un mes mientras en Concepción todo se va poniendo en funcionamiento. El colegio ha resistido porque se construyó en 1939 con una estructura antisísmica, tras ser destruido por otro terremoto. Aún así necesita pequeñas reparaciones. Seguramente las clases empezarán el 15 de abril. La comunidad de Michaihue está bien, aunque muy cansadas porque han tenido que dormir fuera de la casa varias noches por alerta de “sunami” corriendo la misma suerte que sus vecinos. También han estado ayudando a los damnificados que están alojados en grandes carpas y poblados de casas prefabricadas. Dicen que cuando yo vaya todavía podré ayudar, la reconstrucción será lenta. Yo espero poder colaborar y aprender a confiar en Dios, como ellos lo hacen.
Cuento con vuestra oración y cariño. Os quiero mucho, besos.