Mi querida Filipinas
(My beloved Philippines)
Pili Tuero, rscj
Me pedís que escriba algo sobre Filipinas. Y me decís que como Yuka os cuenta sobre el último typhoon que ha azotado el país, queréis que os cuente de mis años en Filipinas, sobre lo que más llevo en el corazón. ¡Qué difícil! Porque en él está toda Filipinas: sus gentes, su tierra, sus tifones, su sol, su mar, su cielo, la situación de pobreza que hay, (más de las tres cuartas partes del país), sus calles con los “street children” que sólo verlos me partían el corazón, y sobre todo mis Hermanas rscj. Todo esto fue llenando mi vida de grandes y profundas experiencias, y también de divertidas anécdotas y meteduras de pata, que fueron transformándome sin darme cuenta, ensanchando mis horizontes y dando nuevo sentido a mi vida. Hace poco más de quince días que llegué. Todavía estoy desorientada y atontada. Eso dificulta el poder expresarme como quisiera. Todavía está tierno y muy dentro el arrancón…
He estado en Filipinas 16 años. Llegué sin saber apenas inglés y por supuesto sin hablar tagalog ni bisaya. Esto me hizo descubrir una nueva manera de comunicarse. Yuka me llevó donde ella trabajaba con los agricultores y pescadores. Fuimos capaces de entendernos algo: no sólo gestos, sino mirada atenta, sonrisa, observar etc.
Esta experiencia me hizo comprender que lo importante era estar abierta.
Abierta de mentalidad, de corazón, ojos, oídos abiertos, y saber estar a la escucha. Al llegar tuve un shock cultural. Me duró unos tres meses y pico. Pues el ver cómo las gentes reaccionaban ante un gran tifón que causó muchas desgracias y muertes, me ayudó a salir de mí y superarme. Filipinas es multicultural, según las diferentes regiones. Pero los valores de su gente puedo verlos en nuestro espíritu y nuestro carisma: solidaridad, acogida, sencillez, alegría, comparten lo que tienen. Tienen un sentido especial de celebrar y vivir la vida que me tocó el corazón. Sentí la VIDA viviendo en la vida. Y pienso que podría decir que en ocasiones, la Eucaristía se estaba viviendo y celebrando en la vida. Sólo el ir por las calles, al ir al trabajo cada día, me era un reto. Iba calando dentro poco a poco, transformando y cambiando mis actitudes sin darme cuenta. En el Distrito somos 22 personas. (bueno éramos, ahora son 21). A veces decíamos: ¡como somos tan pocas! Pasando el tiempo descubrí la riqueza que tiene el ser pocas. Todas nos conocemos, participamos, opinamos, nos interesamos, todo se ¨cuece¨ entre todas. Es más fácil ver lo que nos falta, los fallos, y reflexionar sobre ello, y al mismo tiempo ver en lo que vamos creciendo. A través de lo vivido en estos años, Dios se me ha hecho presente de diversos modos. He experimentado cómo El iba trabajando en mí y a través de mí, con lo cual no podía enorgullecerme de lo que hacía. Era trabajo Suyo. La espiritualidad asiática y oriental, me llega muy adentro. Hice unos Ejercicios sobre Cristianismo y Budismo embebido en la espiritualidad de Juan de la Cruz. Aprendí mucho sobre contemplación, el valor del silencio… Fue una experiencia muy buena. Tuve la oportunidad de visitar Japón. Hiroko, que entonces era Provincial me invitó para que conociera otra cultura de Asia. Me entusiasmó el país del Sol Naciente. Podría contar de las grandes experiencias vividas allí. Pero eso queda para otro momento.
Me gusta la cultura asiática.
Cuando estuve hospitalizada, todo el Distrito a una como Fuenteovejuna, participó de diversas maneras. Me han cuidado que no han podido hacer más. Se han volcado. No sé si soy la primera que ha estado grave. Pero nos ha sido una llamada a todas. Tuve muy buenas experiencias. Lo dejo para otra ocasión. No quiero alargarme mucho. Ha sido muy bueno el discernimiento hecho, y ver cómo Dios ha ido preparando el camino para saber el momento oportuno de volver definitivamente. Esto ayudó a que la Despedida fuera con mucho sentido, con paz, y también con humor. Pero también con la gran pena del tifón que se nos vino encima causando tantas desgracias. Ese es el gran dolor que me he traído al ver la situación de sufrimiento que he dejado atrás. Mi estancia en Filipinas con mis hermanas rscj y sus gentes, ha sido el gran regalo que Dios me ha hecho en la última etapa de mi vida.
Ahora, en la etapa final, oigo que Jesús me dice como dijo a los discípulos: Pasemos a la otra orilla, boga mar adentro, echa las redes… no temas Yo estoy contigo.