Echar la semilla y esperar la novedad.
Trini Álvarez,
rscj

 

 

La primera vez que oí hablar de inculturación fue en Guelengdeng un pueblecito al sur de N'Djamena (Chad). Las religiosas que estábamos en el Chad en el 93 nos unimos a un curso de la diócesis y nos juntamos con misioneros y misioneras de diversas congregaciones con el fin de formarnos en ese tema.
Ya no me acuerdo de casi nada de aquel curso pero no he olvidado dos cosas: hablaron del padre Arrupe y del Evangelio de Marcos 4, 26-34
Copio dos textos: la definición que da el P. Arrupe de inculturación y el Evangelio.
“Por inculturación se designa el proceso activo a partir del interior mismo de la cultura que recibe la revelación a través de la evangelización y que la comprende y traduce según su propio modo de ser, de actuar y de comunicarse. Con el proceso de evangelización inculturada se echa la semilla evangélica en el suelo de la cultura. El germen de la fe se va desarrollando entonces en los términos y según la índole peculiar de la cultura que la recibe. Porque la inculturación es un proceso de evangelización mediante el cual la vida y el mensaje cristianos son asimilados por una cultura de manera que no solamente se expresen a través de los elementos propios de esa cultura, sino que lleguen a constituirse también en principio de inspiración y al mismo tiempo en norma y fuerza de unificación que transforma recrea y relanza esa cultura” (Arrupe).”En aquel tiempo Jesús dijo a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.
La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.
Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega”.
Hoy para mi estos dos textos iluminan nuestra reflexión sobre el documento del Capítulo “Nuestra opción por los/as jóvenes”. Con renovada pasión se nos invita a sembrar. Sembrar Evangelio, Buena Noticia, más que con palabras con gestos con acciones que son lenguaje universal.
El capítulo dice: ¿Cómo podemos entrar más profundamente en el mundo y en la cultura de los/as jóvenes?
Sólo tenemos que acercarnos a la tierra lanzar la semilla y esperar en actitud contemplativa para ser testigos de ese milagro de ver como las semillas de Evangelio empiezan a teñirse con los matices de la tierra para transformarse en las nuevas espigas. Y al mismo tiempo ver esa tierra de los jóvenes enriquecida y con sentido.
Muchas y sugerentes imágenes me suscitan estos textos pero os dejo la tarea de ponerle palabras.