Una nueva etapa de trabajo en el barrio
Luz Delás, rscj - Barcelona.
Si, por fin, después
de más de 20 años viviendo en el barrio del Raval de Barcelona,
puedo trabajar i dedicarme profesionalmente a las personas mayores que
viven en el distrito de “Ciutat Vella” de Barcelona.
Ha sido un regalo que me ha ofrecido la antigua Fundación Prisba,
cuando acabé mi etapa de trabajo pastoral con universitarios
desde el obispado de Barcelona.
Ahora, cada mañana,
atravieso andando los barrios del Raval, el Gòtic, y La Ribera
y me dirijo a las oficinas de una antigua lavandería de barrio
donde tenemos instalados unos ordenadores que nos permiten organizar
el trabajo de visitar a las más de 120 personas mayores en situación
de precariedad física, económica y familiar.
Algún día me quedo en el Centro de Día de personas
mayores que la misma fundación tiene en la calle de al lado,
para ayudar en los temas de estimulación cognitiva. Para ello,
he tenido que poner al día mi bagaje de estudios de psicología,
especialmente en lo que hace referencia a los deterioros del cerebro
que a todos nos llegan a medida que van pasando los años.
Voy acompañando
a un grupo de 15 trabajadoras que ayudan en las tareas del domicilio
de la persona mayor: limpieza, compra, paseos,… Escucha, escucha,
escucha. Son un colectivo que me ha robado el corazón: chicas
con problemas de todo tipo y también económicos porque
la vida les ha tratado mal y tienen que apañarse con sus hijos
pequeños, con su dependencia social, con el maltrato de su pareja,
con su desarraigo de su país, con… Hemos hecho buena piña.
Los lazos afectivos con sus queridos abuelos les libran de cantidad
de dificultades y les hace sonreír para que ellos estén
contentos..
Subo y bajo escaleras
de esas casas del barrio más antiguo de Barcelona que son un
milagro de estabilidad de tan deterioradas como están. En cada
palomarcillo, eso me parecen algunos cubículos donde viven la
gente mayor que ya no puede salir de su casa sin ascensor (ahora que
nos han puesto ascensor en nuestra casa de la comunidad del Raval!!!),
allí me encuentro con lo que Dios me tiene preparado para que
me sorprenda, me deje cautivar, me admire de lo que Él ha hecho
en las vidas de tantas personas que “a los ojos del mundo”
parecía que fracasaban.
Allí aprendo de dolores y de alegrías del corazón.
Allí me entreno en la escucha y en la mirada interior, esa que
sabe ver más allá de lo que aparece a primera vista. Allí
me admiro de una sabiduría de la vida que sólo se alcanza
con el paso de los años y que tiene mucho de picardía,
de haber visto muchas muchas cosas y no todas buenas. Una sabiduría
hecha de amores y desamores, de desasimiento y de convicciones que llenan
el corazón de una paz que tiene ya el gusto del cielo.
Se me ha regalado
este nuevo trabajo cuando yo ya no escogía “lo que quería
ser de mayor” sino que decía que si a lo que me presentaban
como necesidad de barrio. Y esta tarde domingo, cuando vuelve a apretar
el frío, día durillo para los huesos de mis gentes mayores,
me he puesto a compartir algo de lo que traigo de vuelta a casa los
días de cada día. Y que puedo transformar en oración
con los que vienen a la comunidad a compartir mesa y oración
por la noche.