EN LA ALDEA DEL ROCÍO

Carmen Galván, rscj

 

Sevilla 7 de septiembre 2008

Este verano, organizado por los Obispos de Andalucía, se hizo un llamamiento a los jóvenes para compartir una faceta eclesial con la que estaban poco relacionados: conocer la experiencia vocacional de la Explosión de carismas que existen en la Iglesia. Para ello, en pleno verano, en una semana en la que el calor de Andalucía se hacía sentir bien fuerte, se les convocaba en la aldea del ROCIO para rezar, unirse al encuentro de los Jóvenes con el Papa en Australia y a través de talleres y mucha oración conocer también el significado de la Vida Religiosa. Para ello invitaron  sobre todo a las Congregaciones y órdenes religiosas de clausura. A ellas nos unimos dos religiosas de la Comunidad de Verónica. En Bormujos, Sevilla, tuvimos nuestra primera parada en el Convento de Santa Mª la Real de las Dominicas. Fue un largo rato de oración. Hacia las dos de la tarde en una Casa de hermandad del Rocío nos invitaron a comer y ya desde ese momento fue un descubrir la capacidad de escucha de los jóvenes, y su deseo de conocer la vida de tantas religiosas que acudieron allí para dar el testimonio de su Vocación y de su entrega. La disponibilidad y generosa acogida de las Hermandades de Gines y de Bormujos, que ponían a disposición de tanta gente todo lo que pudiera hacer más grata y cómoda la estancia en el Rocío en un 19 de julio, caluroso. En la hora santa que tuvimos presidida por el cardenal de Sevilla se oyeron testimonios maravillosos, los cantos entusiastas de centenares de jóvenes y presenciamos la acogida de peregrinos de todas partes que llegaban para pasar la noche de oración. Un total de 3000 jóvenes estaban por allí, en innumerables tiendas de campaña con la alegría y la capacidad de gozo, fruto del Espíritu.

No fue un simple encuentro; fue la constatación de que la sed de Dios no se ha perdido, de que Dios sigue siendo el referente de nuestras necesidades más profundas. Allí entre tantos jóvenes en los ratos de silencio se podía escuchar el rumor de lo esencial.
 
Yo me traje, como experiencia personal, que aunque las inquietudes humanas y las desmesuras están presentes en nuestras vidas, es Dios quien tiene el señorío y es el único capaz de saciar la sed del hombre. "Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti"