
LAS NORIAS, LUGAR DE ENCUENTRO
Ana Lozano (Profesora en un colegio de las Vedrunas, 34 años, casada con tres hijos)
Como toda experiencia de voluntariado, lo recibido siempre supera con creces a lo aportado. Creo que el proyecto de Las Norias (Almería) tiene muchos aspectos enriquecedores de la persona que van más allá de las clases de español, porque es un proyecto de convivencia e integración. Integración y convivencia en la pedanía, con los alumnos y entre nosotras mismas.
El hecho de convivir juntas en una casa, personas de distintas edades, procedencias geográficas y opciones vitales hace que el fruto de esa convivencia sea muy rico; además nos une una motivación común, en la mayoría de los casos, Jesús de Nazaret. Estoy especialmente agradecida a las religiosas vedrunas por haberme permitido compartir con ellas su momento de oración diaria. La casa es una casa abierta literalmente (la puerta permanece abierta a lo largo del día) y eso le da un carácter especial, es la “casa de las hermanas” y cualquiera puede entrar. Un día, al poco de llegar, estaba en el supermercado y al ver una cara nueva una señora me preguntó con cierta ironía, ¿qué de veraneo en Las Norias?, bueno, al responderle que estaba con las hermanas ya no hubo que explicar nada más porque parecía que si eso era así, todo estaba correcto. Es sólo un ejemplo. ¿Y las clases? Bueno las clases son una necesidad, sobre todo desde que les piden conocimiento del idioma. Hay mucho interés por parte de los alumnos, pero hay algunas dificultades que condicionan el proceso de enseñanza-aprendizaje. La primera la asistencia, que depende en muchos casos de si son contratados para trabajar ese día o no (y claro, lo primero es lo primero); la segunda dificultad viene dada por nosotras, las voluntarias, que tenemos una disponibilidad, en la mayoría de los casos quincenal y eso supone que cada grupo tiene cuatro profesoras en dos meses. Yo he estado durante la segunda quincena de agosto, coincidiendo con el inicio del Ramadán y siendo ese turno cuando flojea más la asistencia. También aquí se ha dejado sentir la crisis. Pero, ¿con qué me quedo? con la experiencia del Siervo Sufriente de Isaías, del trabajador a 50 grados centígrados en el invernadero, de la trabajadora del almacén 12 horas diarias, del ser humano que es considerado ilegal. Me parece escandalosa la hipocresía del estado que no les da papeles pero hace la vista gorda porque necesita esa mano de obra. Me quedo con el privilegio de poder haber estado, unos pocos días cerca de los preferidos de Dios. Y me quedo con la gratitud hacia las religiosas del Sagrado Corazón y religiosas Vedrunas por hacer posible esta experiencia.