IBAIGANE:

LUCES Y SOMBRAS EN EL CAMINO INTERCULTURAL

Begoña Molinos, directora del colegio Ibaigane, Bilbao.

Desde hace algunos años el nombre de Ibaigane va ligado a la interculturalidad. La realidad multicultural que vivimos se refleja en el día a día a través de múltiples expresiones, que van más allá de la evidencia ante el primer golpe de vista al entrar en las aulas: en algunas de ellas el reto es encontrar a ese/a niño/a que no es inmigrante y que nos recuerda, entre una mayoría de compañeros/as latinoamericanos/as, que el mestizaje es el futuro, pero en tiempo presente.
Esta realidad es un hecho que se percibe de diferente manera, según en qué entorno nos movamos o a qué colectivo pertenezcamos.
Desde dentro, por el conjunto del profesorado, ha sido vivido como un reto ilusionante que se va convirtiendo en logro. El tratamiento de la diversidad, que desde siempre ha sido una prioridad y marca de calidad del centro, ha incorporado un mosaico de culturas y con ellas todo un despliegue de nuevas necesidades a las que intentamos dar respuesta. Porque junto a su identidad cultural, que estamos más que convencidos nos enriquece a todos, cada alumno/a aporta su experiencia de adaptación. Adaptación a un nuevo continente (en este caso, en una ciudad llamada Bilbao y en un barrio llamado Deusto, tan extraño para ellos como para nosotros Santa Cruz o Cochabamba). Adaptación a una nueva realidad familiar, en la mayoría de los casos en condiciones muy duras que no permiten a los padres ofrecer la atención y el seguimiento que sus hijos/as precisan. Adaptación a un sistema educativo muy diferente al de origen, a un conjunto de normas y valores que les son extraños, a un idioma muy complicado que en general afrontan con ganas, a una exposición elevadísima a la crítica social… Un volver a empezar con el que no es fácil convivir las 24 horas del día.
Podríamos decir que, en el momento en que nos encontramos, en el que la convivencia y el intercambio en las aulas están más que superados y son vividos por alumnos/as y profesorado como algo absolutamente normal, en el que también hay presencia de otras culturas en órganos como la AMPA y el Consejo Escolar, nuestra experiencia de interculturalidad está en otra fase. La de afrontar con serenidad, energía y convencimiento el “precio” de la inmigración; el alto coste que lleva consigo ser un centro abierto y plural, el colegio de la zona con mayor porcentaje de inmigrantes y que, por ello, no entra en las expectativas de muchas familias.
Nuestro reto actual está ahí: en trabajar para que las familias que optan por el colegio en las etapas más bajas mantengan su apuesta en Primaria y ESO y pierdan el miedo a “ser ellos los integrados entre tanto inmigrante”; en ser creativos para que “ser el colegio de los emigrantes” no sea un estigma sino una marca de calidad ante las familias y otras instituciones del entorno; en adoptar medidas de mejora en la práctica diaria, para amortiguar el fracaso escolar en los/as alumnos/as recién llegados y para deshacer ese tópico tan dañino de que “bajan los niveles, no tienen exigencia y hacen caer la calidad de la enseñanza”. Y en seguir convencidos, pese a todo, de la valía de nuestro Proyecto Educativo; de la valía y el testimonio de un trabajo en absoluta coherencia con nuestras señas de identidad; del lugar y la misión que Ibaigane tiene hoy; de su compromiso con el entorno y con cada familia que cruza nuestra puerta pidiendo una respuesta de calidad humana. Esa calidad humana que también está teñida, como no podía ser menos, de rasgos interculturales.