Camino de Santiago jacobeo

África Aguayo López

 Tras haber recorrido 320 Km aproximadamente a lo largo de dos años, un gran grupo, entre ellos majoreros, valencianos, granadinos, sevillanos y yo, llegamos a Santiago donde nos esperaban unos días de descanso, de visita turística por Santiago y de aprovechar los últimos momentos  juntos, por lo que la última noche nos fuimos todos a celebrar una cena de despedida.

Aprovechando la ocasión de que estábamos todos allí y de que seguramente nunca más volveríamos a estar todos reunidos, pensé qué mejor ocasión de decirles a todos mi opinión sobre el camino y sobre aquellos días compartidos con ellos, ninguna, ¿no? Pues por  ello, mientras estábamos todos cenando me levanté, mandando callar a todos para poder hablar, cosa que me costó un poco porque previamente le habíamos cantado a una amiga “Cumpleaños Feliz”.

Cuando decidí empezar a hablar, no fue fácil, pues eso de hablar en público no es que lo lleve mucho en la sangre; a ello se le sumó las palabras graciosas de mi hermana gemela, Loreto, que no paraba de piropearme mientras yo hablaba, pero bueno lo conseguí, por lo menos hice el intento. Les agradecí a todos aquellos días pasados, y les dije que habían dejado cada uno de ellos una huella en mi corazón y que podría ser perfectamente capaz de nombrar algo especial que se había quedado grabado en mí de todos ellos. Comencé con una de las monitoras, Pepa, a la que le agradecí todo el empeño  y el cariño puesto en mi hermana y en mí; continué con Pilar, otra monitora, a la que le dije que era increíble, que nunca le había visto ninguna cara de enfado y que todo lo que decía era positivo; viendo que aquello se podría haber alargado bastante, pues éramos muchos,  terminé con una majorera a la que felicité, aprovechando que era su santo.

Esa experiencia de hablar en público, la verdad es que fue muy importante para mí, porque era la primera vez que lo hacía, y de hecho sé que lo podría haber hecho mucho mejor y que me servirá para hacerlo mejor una próxima vez, pero lo importante de todo esto, y es lo que a mí verdaderamente me importa, es que todos se quedaran con que esos días con ellos fueron muy significativos para mí. No sé si recibieron ese mensaje o no, porque no transmití todo lo que me hubiera gustado, pero esa fue mi intención.

Esas dos semanas en las que estuve con ellos fueron tan importantes para mí, que lo primero que hice en cuanto llegué a mi casa fue hacer un recordatorio, sobre las dos etapas, desde León, donde empezamos, hasta Santiago.