
María Josefa Bultó r.s.c.j.
Mª Josefa dirigió la Sociedad de Sagrado Corazón, como Superiora General, entre los años 1967 y 1970. Eran los años del posconcilio Vaticano II. La iglesia y la congregación vivían una época, a la vez, de renovación y de dificultad. Mª Josefa afrontó el reto que suponía la adaptación a los tiempos nuevos y lo hizo con sabiduría, humildad y decisión. Hace algún tiempo que buscamos casa….
El
16 Septiembre 2009 cumplió 104 años, y
se reunió con Dios. A las 9 de la noche, día 6 de diciembre de 2011
Aquí puedes descargarte un PowerPoint que cuenta su vida.
Puedes leer más sobre ella
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Se reunió con Dios. A las 9 de la noche, día 6 de diciembre de 2011, a los 106 años. Había nacido el 15 de Septiembre de 1905.
Se ha ido con la misma delicadeza y señorío con que había vivido.
Silenciosa, sonriente, atenta, agradecida, ha pasado los últimos años de su vida; esa vida que ella supo entregar siempre sin medida.
Serena, discreta, en un caminar sin sobresaltos ha sabido dejarnos una gran Paz.
Fiel a la Sociedad la sirvió siempre y mantuvo su unión cuando hubiera podido romperse el Cor Unum de nuestra Congregación después del Concilio.
Se lo debemos y se lo agradecemos. Nos quiere y la queremos. Nunca la olvidaremos.
Que el Señor, -“mi pastor”, al que ella invocaba con frecuencia, le haga reposar en su Amor.
Hasta hace pocos días aún se lo oía decir: “Tú eres mi tesoro”
Mª Josefa,
En este momento de tu paso al Padre queremos agradecer tu vida
Gracias por tu sabiduría, tu claridad al exponer la realidad con honradez tal como tú la veías.
Gracias por tu fidelidad y tu atención especial a cada una como si fuera única.
Gracias por tu capacidad de limar diferencias.
Gracias por tu “savoir faire” en momentos de conflicto.
Gracias por todos los años que tuviste que gestar el cambio con dolor.
Gracias por seguir fiel a tu servicio de “autoridad” acogiendo las nuevas llamadas.
Gracias por retirarte conscientemente convencida de que el “vino nuevo necesita odres nuevos”
Gracias por irradiar vida con sencillez y humildad allí donde ibas, sin dejar la relación con quienes han seguido escribiéndote y visitándote.
Gracias por tu vida que Dios ha llenado ya de gozo completo.
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Mª Josefa Bultó Blajot
Nació el 15 de septiembre de 1905 en Barcelona. De su tierra catalana sacó su manera peculiar de ser, de actuar, de sentir. Seria, responsable, trabajadora, constante, con un ritmo como el de la sardana, de pasos repetidos, in crescendo…
Sus padres, Isidro y Josefa, eran muy cristianos. Hablaba con veneración de ellos y decía de su madre que era una santa. Fueron 11 hermanos, 4 chicos y 7 chicas. Mª Josefa era la 5ª de los hermanos. Y en la Congregación entraron también, Mª Dolores y Carmen. Otras tres chicas se quedaron solteras y Mª Teresa se casó. De los chicos tres, Isidro, Juan y Víctor se casaron y el cuarto, el mayor, Martín, murió aún joven en un accidente, jugando en casa.
Una señorita de compañía inglesa, Miss Blanche, les enseñaba el idioma que luego tanto le facilitó la relación con toda la Sociedad.
Vivían en Paseo de Gracia, 32 y los veranos los pasaban en Vallvidrera.
Fue una colegiala entusiasta, muy correcta, reservada y tímida. Formaba parte del grupo de “vocativas” que cultivaba la Madre Garrido en el Colegio del Sagrado Corazón de Diputación donde se educó hasta que terminó el Bachillerato.
Entró de postulante en Chamartín el 20 de febrero de 1924, donde hizo también los Primeros Votos el 9 de septiembre de 1926 siendo Vicaria la M. Modet.
De Aspirante fue Maestra de Clase en Diputación, Barcelona, y al volver de la Profesión que hizo en Roma el 8 de febrero de 1932 siendo Superiora General la Madre Vicente, siguió como Maestra de Clase dos años más en Zaragoza..

A los dos años de profesa, en 1934 fue destinada a Algorta como Maestra General. Buscaba el crecimiento integral de las personas que se acercaban a ella “en una relación de auténtica reciprocidad en la que cada una recibe y da para crecer juntas”.
Al empezar la guerra civil española fue como refugiada con otras rscj a nuestra casa de Burdeos donde era Superiora la Madre de Lescure.
De allí las “refugiadas” pasaron a San Sebastián donde dio Clases, y de allí a Algorta donde siguió como Maestra General hasta que en 1939 fue de de nuevo a San Sebastián como Superiora. La casa estaba llena de religiosas y niñas de distintas partes de España que habían huido de los lugares donde seguía la guerra. Muchas recuerdan aún la acogida amistosa y la delicadeza con que fueron recibidas y tratadas.
De San Sebastián pasó a Sarriá en 1946 donde estuvo seis años de Superiora haciendo de la comunidad y del colegio una familia alegre y unida.
En 1952 fue de Superiora a Godella y las valencianas, tan dadas al entusiasmo, le abrieron el corazón. Durante su mandato se hizo la parte nueva de la casa. Otra cosa especial de este tiempo en Godella fue su trabajo con las Antiguas Alumnas.
En Bilbao, estuvo de Superiora de 1956 a 1958, haciéndose a esa tierra recia y suave a la vez. Muchas hermanas se sintieron comprendidas a pesar de la dificultad de no saberse expresar en castellano. Como ellas, no usaba muchas palabras pero se hacía entender.
La música, los cantos y el empeño de que las niñas aprendieran a hablar el francés fue algo que llevaba consigo y promovía por donde pasaba.
En 1958 la nombraron Asistenta General y tuvo que irse a Roma. Cuando lo supo repetía: “no puede ser, no puede ser”. Empezaba otra vida: correo, visitas, viajes. Cuando estaba en casa, se ocupaba del jardín, y también del canto.
Un viaje especial es el que hizo a México después de la muerte de accidente de la Madre Vicaria, Carlota Cabrera, acompañando a la nueva Vicaria, Montserrat Espadaler, que siempre recordó con gratitud ese gesto de apoyo que le ayudó tanto a asumir un puesto difícil por la circunstancia dolorosa que acompañó el cambio y a que las mexicanas la aceptaran.
En el Capítulo de 1967, jugó un papel clave ante la dimisión de la Madre de Valon y su aceptación de ser Superiora General de transición, “por tres años”. Fueron momentos difíciles para la Congregación, de grandes cambios en la Iglesia y en la Sociedad.
Se puede decir que fue fiel a todas, tanto a las que miraban con nostalgia el pasado como a las que pretendían cambiar rápidamente. Quizá el secreto estuvo en que daba confianza. Países, comunidades, personas se sintieron valoradas y apreciadas.
Después de estos tres años de Superiora General en Roma, en 1970 estuvo en Londres y en Taipei, y al volver a la Provincia estuvo en Madrid y en Pamplona, donde ayudó a crear el Departamento de Inglés en el Colegio.
Más tarde, de 1978 a 1984 ayudó en la comunidad de Briñas y en la enfermería de Algorta hasta que fue a la Residencia de Sarriá donde ha ayudado hasta el final con su fidelidad y amistad a través de sus cartas cuando aún podía responder a todas las que le escribían, y en silencio y escondida en la oración y en la escucha aún cuando ya no tenía fuerzas para hablar.
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