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Id por todo el mundo...
Durante los años que siguen a la muerte de Magdalena Sofía, la Sociedad del Sagrado Corazón se sigue extendiendo de un modo sorprendente. A finales del s. XIX cuenta ya con más de 6500 religiosas. La Sociedad se difunde en America Latina, Africa, Asia y Oceanía. Estas presencias realizadas por religiosas de diversas nacionalidades, se deben al esfuerzo de diversas vicarías. La de Maryville-Chicago funda en Nueva Zelanda; la de Louisiana crea las casa de Puerto Rico y La Habana. Chile abre nuevas casa en Perú, Uruguay y Argentina. Inglaterra se ocupa de las fundaciones de la India, Australia y Malta. Bélgica envía religiosas al Congo. A su vez, Australia implanta la Sociedad del Sagrado Corazón en Japón.

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Nuevas llamadas, nuevas tareas
La vitalidad de la Sociedad también se manifiesta por la creatividad en la misión. La educación se ofrece a nuevos destinatarios: alumnas negras en los EEUU; alumnas de "cursos superiores" que no pretendían un diploma de fin de estudios, sino que aspiraban a prepararse para su misión de madres de familia; no cristianas, musulmanas en Egipto; budistas y sintoistas en Sankocho; estudiantes de todas las castas en Bombay; en EEUU y Puerto Rico se crean instituciones universitarias; después en China, India y Perú. Las instituciones escolares se abren poco a poco a los jóvenes y acogen un profesorado laico. Se fundan también escuelas en pleno campo africano. Las religiosas comienzan a crear formas de presencia al lado de los más pobres.
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El cambio
Con el impulso del Concilio Vaticano II se unifican las categorías de religiosas dentro de la Sociedad del Sagrado Corazón y se suprime la clausura. Se cierran los grandes internados, se participa en la evangelización de los barrios pobres de las grandes ciudades, organizan cursos noctrunos, centros juveniles y se establecen comunidades en las zonas rurales menos favorecidas.
Queda así el camino abierto a las profundas reformas del post-Concilio, sobre todo a partir del Capítulo General de 1970, a partir del cual la Sociedad se orienta a profundizar en cinco opciones que convergen en el mismo centro, el Corazón de Cristo: la comunidad internacional vista como comunión e implicando corresponsabilidad y participación, la misión educadora reafirmada como servicio de Iglesia, la solidaridad hacia el Tercer Mundo y la opción preferencial por los pobres.
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