En diciembre del 2003 el Area social de Cristianismo y Justicia publicó un Papel junto con los Cuadernos que tituló Dignificar la política.
(Es un pequeño documento que se puede encontrar en la página web de Cristianismo y justicia, en el apartado de Publicaciones, - en Papeles- se puede bajar, es el número 173)
Hoy nos puede ayudar, para ello sólo señalo algunas reflexiones.
“En los periodos electorales, cuando los políticos salen de sus despachos para acercarse a plazas, polideportivos y medios de comunicación, es cuando se pone de manifiesto la degradación que ha sufrido la práctica política. Hay políticos que demonizan a su adversario, que ridiculizan sus ideas o que nos avasallan con sus innumerables promesas.
Antes de las próximas elecciones nos parece imprescindible llamar la atención sobre la necesidad de devolver seriedad y credibilidad a una vida política que parece haberse degradado ostensiblemente en los últimos años.
La política es ante todo servicio a los ciudadanos. Hay que garantizar una buena gestión de ese servicio. No podemos olvidar que más de un tercio de los recursos de nuestro país son administrados por el sector público y esa administración ha de ser eficiente.
La sociedad de consumo ha contribuido a crear personas acríticas, ajenas al mundo que las rodea. Una gran parte de la ciudadanía cree que con votar una vez cada cierto tiempo es suficiente para el buen funcionamiento de la democracia. Sin embargo, son los ciudadanos los primeros responsables de los problemas que les afectan.
Tienen la responsabilidad de preocuparse por el funcionamiento de sus instituciones y de recordar a los políticos que eligen que el voto no es una carta en blanco.
Algunas actitudes que deberíamos renovar:
- Educar y sensibilizar, desde la familia a la escuela, en la tolerancia, el diálogo, la paz y la responsabilidad con el entorno social, político y ecológico. Enseñar a pensar por sí mismo y educar en el objetivo del bien común.
- Mantenernos informados. En la era de la comunicación, los ciudadanos vivimos muy desinformados. El excesivo ruido informativo hace difícil atender lo que resulta verdaderamente relevante. Es necesario promover un espíritu crítico que permita identificar la información significativa y buscar la pluralidad. Sólo así el ciudadano evitará ser víctima de la manipulación y estará en disposición de exigir, con criterio propio, responsabilidades a los dirigentes políticos.
- Ejercer la democracia participativa. Participar en organizaciones locales o estatales, en manifestaciones, campañas de sensibilización o recogidas de firmas. No son las leyes, el mundo está lleno de constituciones impecablemente democráticas que nadie respeta sino la práctica de la ciudadanía lo que determina si una sociedad es o no democrática.
- Establecer prioridades y tenerlas en cuenta en el momento de ejercer el voto. Ninguna opción responderá enteramente a nuestras aspiraciones, pero no podemos dejar que lo inmediato determine el voto.
La filósofa Hannah Arendt en su obra ¿Qué es la política? recuerda
que ser libres comporta asumir en cada uno de nosotros la posibilidad de cambio y que la mejora de la actividad pública sólo depende de nosotros, de lo que estamos dispuestos a construir. Abandonar el espacio público, por escepticismo, apatía o desaliento, es sumamente peligroso y supondría la entrega definitiva de una herramienta que es esencial para la mejora de nuestra realidad.