Del 20 al 22 septiembre 2010 los países de la ONU se han reunido en Nueva York para hacer una revisión del cumplimientos de los OBJETIVOS DEL MILENIO, que tienen que estar conseguidos en 2015

A pesar de la información de los medios en relación a la recién concluida Cumbre de Naciones Unidas para el seguimiento de los “Objetivos de desarrollo del Milenio” (ODM) - pasaron hasta un video de ‘la roja' solidarizándose con la iniciativa – mucha gente sigue desconociendo la penosa realidad que se esconde tras aquellas siglas.
El progreso en los ODM es muy dispar y depende del grado de fragilidad de los países. Así, por ejemplo:
Los objetivos
Nº 4 Reducción de la mortandad infantil,
Nº 5 Muerte de las mujeres en el parto
Nº 7 Acceso a servicios sanitarios y agua potable
No sólo no se han conseguido, sino que registran déficits espectaculares
La gran crisis occidental también se ha notado y ha retrasado, incluso, detenido, el proceso de trabajo para alcanzar estos objetivos.
Según datos del Banco Mundial no solo se ha ampliado la bolsa de pobreza extrema en 100 millones de personas, sino que 71 millones más que tenían que salir de ella, según lo previsto, tampoco podrán lograrlo
En nuestra opinión el diagnóstico sigue estando profundamente desenfocado. Unos ODM basados en la ayuda caritativa nunca ofrecerán una solución a la pobreza mundial, ni a la injusticia estructural social y económica. Los ODM tal y como se conciben en la actualidad se dirigen a los síntomas de la pobreza y el subdesarrollo, pero en su mayoría ignoran las causas que los ocasionan.
Los mil millones de personas hambrientas del planeta no merecen caridad: poseen un derecho humano a una alimentación adecuada y los gobiernos tienen la obligación de atenderles, mediante leyes que aseguren las condiciones para que los derechos económicos y sociales básicos estén controlados.
Ya basta de hablar de “ayuda solidaria”. Ha llegado el momento de que los gobiernos legislen para que todos los ciudadanos puedan alimentarse, educarse y gozar de buena salud.
Nuestra propuesta sería impulsar estas medidas:
- Legislar la utilización equilibrada de los recursos
- Permitir que los países pobres tengan acceso al comercio de sus productos agrícolas
- Crear el sistema fiscal necesario en los países en desarrollo, que impida la corrupción e impida la fuga de capitales (solamente en África, se calcula que se han evadido 854.000 millones de dólares entre 1970 y 2008… y con esta cantidad se hubiera pagado la deuda externa)
Esto será imposible mientras existan los paraísos fiscales, tan amparados por los países ricos. Y mientras se legisle de espaldas a los Derechos Humanos.
En 2015 finaliza el plazo para que los ODM estén conseguidos. Es evidente que no va a ser así.
Lula da Silva ha llamado al hambre y la miseria: “la gran arma moderna de destrucción masiva”. ¡Ojala nuestra conciencia de ciudadanos del mundo se despierte y se movilice para reclamar ante nuestros gobiernos que se haga justicia con nuestros hermanos, por lo menos con la misma fuerza con la que defendemos otros derechos muy legítimos, sin duda, pero siempre menores!
(extracto de la revista Alboan. Octubre 2010)